Un trozo de Mediterráneo en el castizo barrio de Salamanca, donde alfombras espectaculares combinan con la madera para completar un entorno cercano y tranquilo.
Llegamos con nuestra reserva de las 14:30 y nos dieron nuestras mesas y cartas para elegir ... la primera camarera no tenía muy claro la diferencia y como funcionaba el menú "más caro", fue áspera en su carácter y poco resolutiva... la comida estaba bien en sabor y calidad, el precio más que justo... pero la experiencia la enturbian los empleados que no colaboran con el cliente.