Nuestro primer restaurante Saona en Madrid, situado a escasos metros de la mítica calle Serrano, con un ambiente profundamente acogedor marcado por la personalidad innata de nuestras cálidas alfombras.
Tomamos menú del día (13,99), que tenía bastantes opciones, y toda la comida que pedimos estaba muy muy buena. Las raciones estaban bien de tamaño, aunque la porción de tarta banoffe (que es sin duda de mis favoritas) podría ser un poquito más grande. El personal fue muy agradable y el servicio, rápido. Sirven vasos de agua, pero sería ideal que sirvieran jarras para ahorrar trabajo al personal. Saona es siempre un buen sitio para ir.