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Ricard Camarena en Valencia

9,2

Basado en 8.674 opiniones encontradas en 8 webs


9.3
8.5
9.0
9.4

tendencia

2
De 3.440
en Valencia
1
De 579
Otras cocinas españolas en Valencia

Puntuación y opiniones

Recien llegada la segunda estrella, que se retrasó más de lo previsible, parece que el "equipazo" liderado por Ricard y su extraordinario complemento en bodega de David, no parece que se conforme con el éxito alcanzado ni que aminore en su velocidad de crecer. Ahora tiene un local excelso con su punto elegante y diferenciador, con una entrada que aporta sensación de familiaridad, de entrar en un local que ambienta como si fuera casa propia con sabor a casa de los antecesores; luego pasas a la sala amplia, totalemnte llena, bien separadas las mesas, con la cocina a la vista y cuando te lleva de la mano a la entrada para que Ricard con su naturalidad, sencillez y cátedra de conocimientos pasa a explicarte y participas en los aperitivos, das el paso final a estar "en casa", todo está relajado, amable y preparado para disfrutar. La cocina sigue en esa dinámica de entrar en un sabor profundo ("tomate como antes"), que te vuelve ese recuerdo en el color, en el olor y sobre todo, muy sobre todo, en el sabor; porque esta cocina quiere resaltar ese sabor que esperas cuando te presentan una alcachofa, un tomate o algo tan sencillo como una patata que se busca en esa patata pequeña perdida en los campos cuando se recoge la cosecha, para que tenga "la esencia" de la patata naciente. Y luego está David que, ya no es que maride con un vino que resalte el sabor, que no se imponga ni se quede corta  la presencia del vino, sino que complemente lo que te encuentras en el plato; ahora va un paso más allá y busca que también acompañe en el color, y todo ésto además sin tirar de vinos que todos reconoceríamos, sino que se dedica a buscar esas joyitas perdidas por el mundo. ¿Alguien da más?. El resto del equipo, fuera de líderes, es tan perfecto como invisible (dicho como virtud) en realizar su trabajo; sólamente en el momento de explicar algún plato o resolver alguna duda en la sala, te das cuenta que hay un ejército en cocina y fuera de cocina, para que el ritmo no decaiga. Y es importante porque con el menú largo significa que cuando salimos por la puerta habían pasado casi 4 horas después de tomar el café (o una copa) en la misma sala de entrada o en la terraza, remarcando una vez más ese carácter de "estar como en casa". Pero es que además todos estos elementos forman un conjunto, una orquesta, en que cada uno cumple su papel y todo funciona armónicamente y lo hace creciendo cada uno por separado y todos en conjunto. Por ello pienso que la segunda estrella es una estación de paso a por la tercera y una vez logrado el summun en el sabor y en la integración de elementos, y hasta en el olor de los platos, con un poco más de "imágen, apariencia, fotogenia" llegará la tercera. La estructura ya está puesta y compromiso en le trabajo no va a faltar. Se me olvidaba que, además de disfrutar, también comimos y bebimos. Y mucho: . El Preludio: pequeños bocaditos de grandes productos con sabores de casa: Consomé de vaca vieja. Piel de calabacín, steak tartar y requeson. Nabo, rábano y huevas de arenque. Bonito curado, pan y jugo encebollado. Cebolla, anchoa y ajo negro. Apio bola, pollo y mostaza.  Patata, all-i-pebre y almendra. . Los platos: todo sabor y profundidad: Semiconserva de tomate ecológico, ventresca de atún del mediterráneo, habanero y jugo de tomate ahumado. Marinado de pez limón, cremoso de caviar y caviar. Alcachofas ecológicas anguila ahumada y holandesa de anguila. Cigala en dos servicios: cigala asada en salamandra y velouté de cigalas vainilla y flor de jazmín. Rape a la brasa con jugo marino, piel de calabacín y semilla de cilantro. Arroz de caracoles (sin caracoles) con setas de otoño, trufa y pimienta larga (un plato con unos aromas que enamoran). Pato "Caneton" en dos servicios: pato zanahoria morada y frutos rojos más ravioli cremoso trufa y chantilly de rábano. . Un prepostre: naranja eucalipto y perifolio: de curiosa estética pero que quizás lo único que no repetiría. . Postres: Mango maduro, curry dulce, hierbas y semillas. Calabaza asada, mandarina y vainilla. . Petits fours: Plátano asado, chocolate y vinagre especiado. Bombón frío de chocolate con leche y avellana. Chocolate blanco y crema de cacahuetes helada. En el apartado de vinos y dejamos al conocimiento de David, nos preparó por un lado un maridaje solo (o casi) de blancos para quien no se ha pasado (aún) al lado oscuro. Por el otro lado fuimos los demás y probamos: Billecart salmon brut reserve rosé. Clos des Treilles 2016. Gravner Breg 2007 (¡me lo apunto para siempre!). Reichsgraf Von Kesselstatt "Josephshöfer" G G 2010. Dominio del Águila albillo de viñas viejas 2014. Bodegas Bilbainas reserva 1966. Viña Tondonia tinto reserva 1995. Viña Tondonia rosado reserva 2008. Clos Martinet 2013. Clos Nelin 2016. Château de la Maltroye 2015 la vigne blanche. Casa Castillo pie franco magnum 2008. Vinsanto Fontodi 2005 (vaya añada !!! sin necesidad de fortificar). Destacar en el maridaje de blancos: Bodegas Bilbainas 5º año A ello añadimos en la entrada un aperitivo de bienvenida con vermuts y un Criadera A de Alvear de quitar el sentido. En medio, que no al principio y con buen criterio, un par de panes de hojaldre que es imposible resistirse por lo que si estuviera al principio de la comida sería imposible llegar al final del menú. En la salida unos buenos cafés y los petits fours mencionados perfectamente servidos. Algunas cosas más y fotos en: http://katablok.blogspot.com/2018/12/la-religio-dels-michelins.html  
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en Verema
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17 Diciembre 2018
10,0
Explosión de sabores con un conjunto de aperitivos basados en los vegetales que cultivan en su propia huerta. Plato principal impecable, elijes una de las dos opciones... y 3 postres. Todo por 68/persona + bebidas + café. Imperdible!
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15 Marzo 2019
10,0
Ayer disfrutamos del mejor Restaurante de Valencia y de los mejores de España, local ubicado en un lugar de privilegio, decoración y ambiente muy conseguido, con mucha luz y distancia más que adecuada entre mesas, visibilidad de la cocina, excelentes atenciones. De entrada te acompañan una sala para tomar el aperitivo y unos preludios, luego pasas a la mesa y terminas con tres preludios más acercándote a la cocina que Ricard te explica con su sencillez y profundidad, reina la cocina mediterránea, en todos los platos tienes verduras ecológicas que proveen a Ricard cada día de la huerta de Mauella, gran cocinero y líder de su equipo. Sabe sacar la mejor versión del producto y hace exquisiteces de verduras que solo se utilizaban para caldos. Comida muy equilibrada. Bueno señores señoras hay que ir y vivir la experiencia.
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18 Abril 2019
10,0
Escogimos el menú corto que consta de 7 platos. Los snacks muy buenos, unos se tomaban en el bar y otros nos los presentó el propio Ricard Camarena, esto último nos gustó mucho. El menú se compone de platos elaborados con productos locales, principalmente pescados y mariscos, mezclas muy sorprendentes. En cuanto a los postres el único que no nos gustó fue el de naranja. Todo lo demás de 10. Servicio muy profesional. Local moderno y acogedor.
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13 Abril 2019
10,0
Los antecedentes Ricard Camarena se ha erigido en los últimos años en el estandarte gastronómico más visible de la capital del Turia y, junto a Quique Dacosta, constituye la dupla de embajadores más notables de lo que actualmente entraña la alta cocina en la Comunitat Valenciana. Ambos comparten, además, un espíritu emprendedor y un afán de expansión que ha favorecido aún más su proyección a nivel nacional e, incluso, más allá de nuestras fronteras. La historia de Ricard Camarena se puede resumir brevemente en una única palabra: progresión. Desde sus inicios en el bar-restaurante de la piscina de Barx, hasta el día de hoy, no ha habido ni un solo paso atrás. Todo ha sido avanzar, pasito a pasito en algunas ocasiones, a grandes zancadas en otras. Algún sonado fracaso ha habido, que el propio Ricard no trata jamás de ocultar, pero, en general, el éxito ha sido una constante en su carrera. Conocí la cocina de Ricard por primera vez en el restaurante Arrop de Gandía. No me atrevería a asegurarlo con rotundidad, pero, con toda probabilidad, aquella experiencia supuso para mí la primera toma de contacto con el mundo de la alta gastronomía. La cocina que allá se hacía dista bastante de lo degustado en esta mi última visita y, quien se sentó a la mesa aquel alejado día tampoco tiene nada que ver gastronómicamente hablando con quien les escribe ahora. Pero, con el paso de los años, he llegado a la certeza de que aquella experiencia condicionó sin duda alguna toda la relación posterior que he mantenido con el mundo de la restauración y la gastronomía. La cena en Arrop, en cierto modo, me abrió los ojos a una realidad totalmente nueva para mí. Todos los sentidos que habían permanecido como aletargados cuando me sentaba a la mesa comenzaron a despertar y a entrar en juego muchísimo más de lo que lo habían hecho hasta entonces: la vista, el olfato, el gusto e incluso el oído. No estuve en el ARC del centro de la ciudad pero sí que visité el local de Russafa en un par de ocasiones. Ya allí pude percibir que la cocina de Ricard evolucionaba constantemente y, lejos del estancamiento y la autocomplacencia, cada visita, cada menú y cada experiencia se contextualizaban en un marco referencial totalmente diferente: una marcada apuesta por el producto de proximidad en 2014, la elaboración tan personal de los caldos y fondos en 2015 o la apuesta por el mundo vegetal en esta última temporada. Nadie puede asegurar nada con rotundidad, pero todo nos lleva a creer que, ahora sí, Ricard ha encontrado finalmente su destino. Quizás no ha alcanzado la meta, y bueno es ello para todos (equipo, comensales y hasta para el propio cocinero), pero parece evidente que ahora ya tiene claro en qué mares navegar. La cocina de Camarena ha perdido aquellos puntazos de acidez y picante un tanto desmesurados que percibí en Russafa en pos de un mayor protagonismo del ingrediente o ingredientes principales. El mar Mediterráneo, pero especialmente la huerta, se erigen en la despensa cuasi única donde Ricard se abastece. La progresión alcanza trazas superlativas cuando hablamos del entorno y la sala. El nuevo espacio es digno de elogio y admiración. De ello daré cuenta a lo largo de esta valoración, pero, como el propio Ricard nos cuenta, es imposible entender la actual propuesta gastronómica desvinculándola de este maravilloso espacio. Aquí es donde cocinero y equipo han podido explotar técnica y creativamente en toda su plenitud y dar a conocer su propuesta en un marco que hace años costaba mucho imaginar. Amplitud, funcionalidad y elegancia son las trazas más notables de este nuevo local en el que se desarrolla la mejor experiencia en torno a la mesa que se puede disfrutar hoy por hoy en la capital valenciana. Los preliminares Tras una recepción formal en la mismísima puerta del edificio por parte del personal del restaurante, nos acompañan a través del patio hasta el interior del mismo. En primer lugar nos llevan hasta un amplio espacio que se ha habilitado para tomar los primeros aperitivos, dar tiempo al cliente para que haga su elección sobre el menú y poder ojear con detenimiento la carta de vinos. Es un salón de techos altos, grandes ventanales que inundan de luz cada rincón del mismo y sofás y mesas bajas donde empezamos a apreciar claramente el disfrute y relajación de los comensales. Sin embargo, nuestro grupo de seis comensales es acomodado en la pequeña biblioteca que hay anexa a este gran salón y que ejerce también como sala de reuniones del equipo según hemos podido contemplar en algunos reportajes televisivos que se han rodado sobre esta casa. Una gran mesa de mármol preside la sala en la que resulta casi imposible no fisgonear en la estantería del fondo. Encontramos en ella infinidad de libros y tratados de cocina, premios y reconocimientos que ha obtenido el restaurante, etc. Acompañamos este instante con unas copas de cava, alguna que otra cerveza y una copa de Manzanilla Maruja para quien les escribe en estos momentos. Rápidamente llegan los tres primeros aperitivos: Velouté de pollo de corral, hoja de limonero y vinagre de Jerez: Caldo que se toma directamente del vaso, sin necesidad de marcar cubertería para degustarlo. Concentración notable pero que, a su vez, se aligera ostensiblemente con los toques cítricos del limonero y tal vez de algún ingrediente más que nos lleva a recordar la cocina thai: ¿Kafir, jengibre, citronela? Nabo, rábano y huevas de arenque: Pequeño bocado muy refrescante y que deja unas leves pero muy presentes sensaciones picantes en el paladar que son bienvenidas por quienes compartimos mesa en esta ocasión. Lección magistral en pequeño formato de cómo saber combinar la elegancia con la pegada. Bonito curado, pan y jugo encebollado: Otro bocado en pequeño formato muy resultón y que ayuda a establecer esa primera toma de contacto entre el comensal y la cocina de Ricard: liviana, ligera, sutil, pero sorprendentemente sabrosa. Tras la ingesta de estos tres primeros pases y tras comunicar nuestra intención de tomar el menú Ricard Camarena (155,00 €), nos acompañan hasta el salón principal. El comedor es bastante menos luminoso que la zona de la que provenimos. Eso sí: la localización estratégica de los puntos de luz consigue focalizar toda la atención sobre cada una de las mesas. La decoración es prácticamente monocromática en tonos marrones, siendo la madera el elemento predominante. Excelente separación entre las mesas que se potencia con la colocación de varias estanterías bajas entre unas y otras, como creando pequeñas salas privadas. El desarrollo La experiencia en la sala comienza frente a la cocina abierta donde ya nos espera Ricard Camarena con los primeros bocados del menú. Sin alargarse en exceso y con un tono cercano y humilde, el propio Ricard nos comenta su apuesta clara y rotunda por los productos de la huerta valenciana como hilo conductor del menú que vamos a degustar. Camarena ahora ya no se conforma con la selección cuidada del producto, tendencia ésta ya muy extendida en los grandes restaurantes e, incluso, en otros de menos enjundia. Ahora quiere conocer, seguir y mejorar todo el proceso desde el plantado/sembrado hasta la recolección para determinar cuál es el punto óptimo de cada fruta, de cada hierba u hortaliza y poder alcanzar la excelencia en el plato. Un trabajo codo con codo con los pequeños productores que repercute positivamente a tres bandas: agricultor, cocinero y comensal. Cebolla, anchoa, ajo negro: Nos presentan en primer lugar el corazón de una cebolla que ha sido confitado y se ha rellenado con una especie de pasta de anchoas y ajo negro. Pocas veces un bocado tan primario en cuanto a su elaboración ha aportado tanta sutileza, tanto placer y cierta complejidad en boca (lo dulce y lo salado). Empezamos bien. Piel de calabacín, steack tartar y requesón: Bocado un tanto más elaborado que simula un maki japonés. El envoltorio lo constituye la carnaza del calabacín que ha sido macerada con la grasa de la vaca vieja y el corazón del mismo es una especie de tartar de la carne del animal. La ingesta desencadena una secuencia de sabores que empieza por el carácter agreste y vegetal del calabacín en primer lugar y el sabor de la vaca como final. Colinabo confitado, papada ibérica y sumak: se rinde homenaje a la cocina de tradición y a uno de los platos valencianos con más implantación: el putxero. Nos cuenta Ricard su afán por reproducir en forma de snack uno de los ingredientes que no suele fallar en dicho plato: el nabo. Se utiliza el “napicol”, como se le conoce aquí, un tubérculo más sabroso que el tradicional nabo y cuyo uso es habitual en el putxero. Después de muchas pruebas y no poco estudio se ha conseguido una cocción exacta que permite coger perfectamente el bocado con las manos sin que se deshaga pero evitando a su vez la textura y sabor desagradable que podría llegar a provocar un nabo falto de cocción. Apio bola, pollo y mostaza: Como si de una escala de complejidad técnica se tratase, alcanzamos el punto máximo de complicación en esta pequeña empanadilla. Con la carnaza del apio bola se crea una especie de masa con la que se elaboran estos “pastissets” que, a su vez, se rellenan con el ave y la mostaza. Textura peculiar, muy esponjosa, elástica, similar a la de los moshis. Tras la degustación de estos cuatro bocados, nos despedimos cordialmente del cocinero y nos acompañan a nuestra mesa donde comenzamos a disfrutar de la secuencia de platos principales. Semiconserva de tomate ecológico, ventresca de atún, habanero y jugo de tomate ahumado: Protagonismo absoluto del tomate, no de forma accidental, sino consiguiendo aquello que justamente se había dispuesto en el proceso creativo del plato. Se usa un tomate de la pera recolectado en la huerta valenciana en su momento óptimo, a finales del verano, y se guarda en una semiconserva que resulte poco lesiva y no eche a perder las magníficas cualidades de éste. Plato que evoca el recuerdo a quienes hemos tenido la suerte de degustar tomates de la huerta directamente recolectados de la mata y que llegamos a disfrutar tanto o más que aquellos que jamás hayan vivido tal experiencia. Cada bocado supone un viaje a la infancia, a la huerta familiar y a esos maravillosos desayunos o meriendas tomando el tomate directamente de la planta. Resulta muy curioso encontrar un producto tan preciado como la ventresca ejerciendo de acompañante. Marinado de albur, cremoso de caviar y caviar: El albur o llisa, cortado en pedacitos, constituye la base del plato, juntamente con una muselina elaborada con las huevas del salmón que ejerce como ligazón de esa especie de tartar. Se corona el plato con otras huevas, las del preciado caviar beluga en esta ocasión. Plato sin alardes técnicos, sin complejas cocciones ni espectaculares presentaciones pero que me atrevo a calificar como uno de los mejores del menú. Sorprende desde un primer momento la sencillez en la vajilla que se usa, constante que se mantendrá prácticamente durante todo el menú. La porcelana, preferiblemente blanca, es el soporte más usado a lo largo de toda la comida, opción muy de mi gusto. Ensalada de angula con salsa césar de anguila: Brotes tiernos y dados de anguila como base del plato y, junto a las angulas, constituyendo la parte sólida del plato, aliñado todo ello con una sutil salsa césar que no resta ni un ápice el protagonismo a quien debe tenerlo: el producto. Quisquilla, guisantes encurtidos y fresas de Canals: Tal como sucedía con el plato del tomate, se da nuevamente al vegetal el papel de primer protagonista, saliendo airoso de su envite con un producto que tanta excelencia como la quisquilla. En esa constante cuasi obsesiva por conseguir la ligereza en los platos y en todo el menú en general, se corona el plato con unas ricas fresitas que aportan ese toque ácido que contribuye a ello. Alcachofas ecológicas, anguila ahumada y holandesa de anguila: Otro de los momentos estelares del menú. La llegada de los platos a la mesa se acompaña de un muestreo en el que podemos observar las alcachofas que se usan en su elaboración. De las apariciones televisivas de Ricard en la cadena autonómica tenía constancia del pequeño tamaño de ellas, pero jamás podía haber llegado a imaginar lo realmente pequeñas que son, como de juguete. Se presentan confitadas, acompañando unos dados de anguila de cocción excelente y un presente toque ahumado con el acompañamiento de la holandesa que se elabora con el colágeno de la anguila guardando ciertas reminiscencias con un delicioso pil pil. Alcachofa de “l’horta” y anguila de “l’Albufera”. La cocina de proximidad elevada a los altares. Cigala en dos servicios: cigala asada en salamandra, velouté de cigalas, vainilla y flor de jazmín: El primer pase satisface sobradamente los instintos más hedonistas de cualquier amante de la gastronomía. El crustáceo se presenta cuasi desnudo, con una cocción de matrícula y sin condimento alguno. Homenaje al producto que se complementa con un segundo pase en el que se aprovechan los deshechos del marisco para elaborar una veoluté que aúna concentración sápida y elegancia. Cocochas y muselina de merluza, vainas de haba y jugo yodado: La cococha se presenta empanada con un rebozado de grosor notable pero sin atisbo de aceitosidad ni pesadez. El efecto crujiente que le confiere resulta divertido y nos recuerda en cierto modo los excelentes rebozados que se pueden degustar a lo largo y ancho de la geografía nacional. Las habas se cocinan levemente y se consigue con ello una textura firme muy acertada. Arroz de trufa y yema de huevo de corral: Nuevamente se rinde homenaje a uno de los productos señeros de la gastronomía valenciana. El arroz. Pocos ingredientes, pero excelente resultado. Destacable el toque de acidez que siempre he percibido en los arroces de Ricard, sin alcanzar éste el nivel de otros como el de mostaza y estragón o el de espárragos y levadura degustados en otras visitas. Presencia y protagonismo notable de la trufa negra que siempre da un juego inmejorable en combinación con los arroces melosos. Pechuga de pato Caneton, ravioli trufado y chantilly de raíz de rábano: A lo largo del menú hemos creído atisbar diferentes homenajes a las corrientes culinarias más influyentes en la carrera de Ricard: a la cocina valenciana representada por el arroz, a la cocina tradicional de la mano del colinabo del cocido o a la cocina de producto con la cigala, por ejemplo. El pato caneton es muy representativo de la cocina francesa más compleja y elegante y su presencia en el menú degustación denota respeto y admiración por esa cocina más academicista cuyos fundamentos siempre subyacen detrás de cualquier cocinero, por muy vanguardista que éste sea. Un conjunto redondo, con los puntos de cocción perfecto, con un interesante juego de texturas y con la magia de saber domesticar el sabor sanguino de la carne del pato sin restarle en demasía ese misma peculiaridad que justamente lo convierte en una carne única e irrepetible. Un grandísimo cierre a la parte salada. Mango maduro, curry dulce, hierbas y semillas: Un postre emblemático de la cocina de Camarena que ya pude degustar en mi última visita en 2015. El juego de sabores y la combinación de matices que aportan cada uno de los ingredientes resulta divertidísimo y altamente placentero. Postre ácido, ligero y refrescante como pocos haylos resultando esa crema de hierbas una verdadera genialidad. Resulta divertido jugar a descubrir entre quienes compartimos mesa qué hierbas la configuran ¿Rúcula? ¿Cilantro? Calabaza en tres servicios: Calabaza asada y mandarina; royal de almendras y calabaza asada; buñuelo de calabaza asada. Nuevamente se rinde homenaje a un postre de gran implantación en los hogares valencianos: la calabaza asada, combinándola con otros productos no menos habituales: los cítricos, representados por la mandarina, y la almendra marcona. El sabor de la calabaza actúa de nexo entre las tres degustaciones y, desde el punto de vista gustativo, no encontramos grandes diferencias entre ellas. Se distinguen entre ellas más por el juego de texturas y temperaturas que por el sabor y en ello radica el encanto de este último pase. Acabamos la experiencia en la pequeña terraza interior, plácidamente acomodados en los sofás que se han dispuesto a tal efecto. Tomamos allí los cafés y unos originales y deliciosos petit fours: roca de pistacho helada, bombón frío de chocolate con leche y avellana y chocolate blanco con crema de cacahuetes helada. Para que quede constancia, citaré los vinos con que acompañamos la comida: Recaredo Terrers Brut Nature gran reserva 2014 Gramona III Lustros Gran reserva Brut Nature 2011 Vila Tondonia Reserva 2004 Viña de Martín Escolma 2013: Un clásico en las recomendaciones Simeta 2017 El desenlace No cabe duda que el paso por esta casa supone una experiencia gastronómica de alto nivel cuyo éxito se sustenta en tres sólidos pilares. En primer lugar un entorno maravilloso con esos amplios espacios, cuasi diáfano y en el que tanto el equipo como el cliente ven sobradamente cubiertas todas sus expectativas. En segundo lugar un servicio de altura, encabezado en el caso de nuestra mesa por un excelso David Rabasa, perfecto conocedor del mundo del vino y gran maestro de ceremonias a la hora de convertir el paso por este restaurante en una vivencia cargada de emoción y naturalidad a partes iguales. Y, por último, una cocina que centra el protagonismo en la esencia de cada producto, que focaliza la atención en los sabores nítidos de cada uno de ellos aportándole suaves matices siempre en pos de la ligereza y la sutilidad. Cuesta imaginar en qué ha de mejorar la propuesta que nos ofrece hoy en día este magnífico restaurante. Podéis leer el post ilustrado con fotografías en: https://www.vinowine.es/restaurantes/ricard-camarena-la-nave-que-llega-a-puerto.html
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en Verema
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16 Marzo 2019
9,3
Una muy buena experiencia! Es 100% recomendable y sin duda volveremos!
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09 Abril 2019
10,0

Restaurantes similares en Valencia

9,0
2690
Opiniones

LA SALITA

19/11/2018: Comimos el menú La Rodrigo, aprovechando que pasábamos el puente de Octubre en Valencia. Es un menú fantástico a muy buen precio, es súper variado, para nosotros que no somos del mediterráneo, un montón de sabores interesantes y desconocidos. El local es muy acogedor y el personal profesional, agradable y simpático. Nos encantó la recomendación del sumiller. Un verdadero placer.
03/01/2019: Sitio digno de una estrella por su comida por su imaginación por su personal por su bodega por miles de razones por la compañía en la comida , muy agradable y llena de sensaciones un pescado en un maravilloso punto de cocción con unas verduras en su punto un ciervo perfecto unos entrantes sobre todo el de torrezno que te sorprenden
8,8
366
Opiniones

Boix Quatre

21/03/2019: Me gusta el restaurante, el trato, la presentación, la materia prima, el sabor de todos sus platos, pero es muy muy muy lento y al final pierde todo su encanto.
01/01/2019: Pequeño restaurante en un callejon del barrio de Xerea. Está enfocado hacia unos menus con mas o menos entrantes y un segundo a elegir entre arroz, pescado o carne. Los platos son de alta cocina de pequeñas raciones muy sabrosas. Los camareros y el cocinero que también salió muy atentos y amables. Para ocadiones especiales sin estridencias.

Cómo llegar al restaurante

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