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Ricard Camarena en Valencia

9,2

Basado en 8.813 opiniones encontradas en 8 webs


9.3
8.5
9.0
9.4

tendencia

3
De 3.269
en Valencia
1
De 546
Otras cocinas españolas en Valencia

Puntuación y opiniones

Explosión de sabores con un conjunto de aperitivos basados en los vegetales que cultivan en su propia huerta. Plato principal impecable, elijes una de las dos opciones... y 3 postres. Todo por 68/persona + bebidas + café. Imperdible!
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15 Marzo 2019
10,0
Una auténtica experiencia gastronómica desde la llegada hasta la salida. El precio queda compensado con el servicio y la elaboración en la cocina.
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17 Junio 2019
10,0
Comer, beber, amistad son los ingredientes perfectos para conseguir felicidad. Cita anual de grupo de amigos de la profesión, y tras el paso por Aponiente (2017) y Can Roca (2018) este año tocaba jugar en casa y tenía que ser Ricard Camarena (2019). El jugar en casa tiene sus ventajas y sus inconvenientes y entre ellos la limitación horaria que te impone el trabajo que motiva la reunión del grupo, lo que nos obligó a empezar a las 15.15 h y acabar a las 17.45 h con lo que nos limitaba al menú degustación corto (llamado Síntesis) y a que la sala (y nosotros) estuvieramos un poco contra reloj. Se cumplieron los horarios y las expectativas. Tanto Ricard como David hicieron que el poco tiempo que teníamos fuera como sus caldos, un concentrado de experiencias gastronómicas y enológicas en las que disfrutar de todos y cada uno de los momentos de la comida. Ningún cambio en la sala ni en las características del local sobre lo escrito en visitas anteriores; ni falta que hace porque creo que todo está en ese punto de perfección académica, sin perder la cercanía que te hace disfrutar sin corsé de un producto cada vez más auténtico y de kilómetro cero pero no sólo por filosofía, sino porque merece la pena en tema de sostenibilidad (son productores de todas sus verduras menos del espárrago) pero también porque en el plato es la mejor opción. En el tema de vinos dejar hacer a David es como tener un seguro a todo riesgo sin franquicia, te va a sorprender, te va a enseñar cosas que no sabías que existían y algunas que pensabas que ya no quedaban en el mundo, y que por supuesto, que también el primer criterio imprescindible es que sea un buen vino, porque lo que bebes es vino y no filosofía. Estamos en la antítesis de lo que probamos en el Noma. Íbamos a ser diez comensales, pero uno se quedo colgado en el aeropuerto de Madrid viniendo de San Francisco. Los nueve en dos mesas redondas y tras el aperitivo inicial de los que llegaron a tiempo, hicimos un pase con el proipo Ricard a pie de cocina en el que nos explica con todo detalle el producto, su origen, su preparación y su emplatado. Este detalle hace que el comensal se sienta importante y respetado porque el chef baja a la arena a compartir contigo su trabajo y al mismo tiempo sientes su cercanía que te hace estar cómodo. El resto de platos ya en mesa, tienen todas las explicaciones de ingredientes y preparación, como debe ser en este tipo de cocina. Lo que comimos y por supuesto, siempre con un producto, servicio y emplatado de primer nivel y en el que destaca la profundidad de los sabores, sin olvidar el pan propio para acompañar: + Preludio: . infusión fría de verduras asadas, amontillado y hierbabuena . colinabo, rábano y huevas de arenque . bonito curado, pan y jugo encebollado . cebolla, anchoa y ajo negro . espárrago verde a la brasa, emulsión de café con galleta de café cacao y harina de almendra . apio bola, pollo y mostaza . calabacín marinado con grasa de vaca y rellenado con tartar de la propia vaca, requeson y frambuesa con emulsión de perejil y alcaparras + Platos . semiconserva de tomate ecológico, ventresca de atún, habanero y jugo de tomate ahumado . ostra al sol, flor de sauco y chantillí de merluza y vainilla . quisquilla, guisantes encurtidos y fresas de Canals . ventresca de lubina a la brasa, flor de calabacín estofada al azafrán y clóchina valenciana . arroz de trufa, perrechico y yema de huevo de corral . berenjena glaseada, costilla de vaca y mostaza: en realidad esconde un sandwich de costilla de vaca, un consomé de carne y la berenjena asada con mostaza y encurtidos + Postre: cereza en tres servicios: . cereza, migas de eucalipto e hibiscus . royal de almendra amarga, turrón y crema de helado de cereza . ravioli y cremosos de chocolate y cereza amarena + Petit fours: . buñuelos de remolacha y rosa . kumquat-lemon pie . fresa, tomate y nata . roca de pistacho helada En un despliegue de creatividad, texturas y sabores se hace difícil destacar algo, pero en los comentarios que se hicieron a posteriori durante la tarde noche hubo coincidencia en la intensidad de esa infusión inicial, la sorpresa de esa ostra al sol (sacarla dos horas al sol para que haga músculo para cerrar las valvas y cambie su textura (músculo) a más de masticar), esa cebolla de grano dulce y tersa, esa locura de mojar espárrago verde en moka salada, ese apio ahumado durante toda la noche para hacer la masa de la empanadilla, esos 8000 kilos de tomate (¡qué dulzor de tomate!) en semiconserva; para terminar el festival, esa vaca en sandwich y en caldo que es un concentrado de sabor de carne.... De forma paralela, David nos va dando a probar y a justificar el por qué del producto (a veces no es vino y juega con nosotros) elegido para acompañar al plato (o a los ingredientes que lo forman) y siempre buscando sorprender sin olvidar que lo importante es agradar. Lo que disfrutamos en la parte líquida más una manzanilla en la entrada, fueron por orden de aparición: . Jerome Prevost La Closserie 2016 . Leon Beyer Comtes d´Eguisheim 2010 . Donnhöff Falsenberg GG 2009 . Monopole 1978 . Tedorigawa Sake Junmai Dajinjo -Umaika-1996 . Manfred Riserva 30 anni 2011 . Recóndita Armonía 2017 Difícil destacar algo por el alto nivel de todos ellos, sorprende y nos enamoró un gewürztraminer maduro profundo y envejecido casi 10 años; asombra el sake (este tipo de sakes) con el arroz y es un maridaje a tener en cuenta; y los que somos de viejetes nos quedamos enamorados de cómo un vino blanco sin barrica de 1978 estaba como estaba.. Asombroso y para hacer la ola a esos elaboradores de Rioja de aquella época que pensaban en hacer obras de arte y no en vender la cosecha antes de la vendimia. Los cafés, la música de fondo, la compañía... todo invitaba a una reposada sobremesa llena de comentarios de lo vivido, pero al igual que en Can Roca salimos corriendo detrás de Pitu para oir su magistral ponencia en el congreso, ahora toca salir corriendo (en taxi) porque algunos tenemos que fichar. Un disfrute de la comida, la bebida y sobre todo la compañía, que ya provoca para ir reservando el encuentro 2020 en Madrid y mantener el nivel de hoy.  
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18 Junio 2019
10,0
Estupendo. Comida deliciosa y sorprendente. Una experiencia muy positiva, totalmente recomendable!
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19 Junio 2019
10,0
Ayer disfrutamos del mejor Restaurante de Valencia y de los mejores de España, local ubicado en un lugar de privilegio, decoración y ambiente muy conseguido, con mucha luz y distancia más que adecuada entre mesas, visibilidad de la cocina, excelentes atenciones. De entrada te acompañan una sala para tomar el aperitivo y unos preludios, luego pasas a la mesa y terminas con tres preludios más acercándote a la cocina que Ricard te explica con su sencillez y profundidad, reina la cocina mediterránea, en todos los platos tienes verduras ecológicas que proveen a Ricard cada día de la huerta de Mauella, gran cocinero y líder de su equipo. Sabe sacar la mejor versión del producto y hace exquisiteces de verduras que solo se utilizaban para caldos. Comida muy equilibrada. Bueno señores señoras hay que ir y vivir la experiencia.
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18 Abril 2019
10,0
Los antecedentes Ricard Camarena se ha erigido en los últimos años en el estandarte gastronómico más visible de la capital del Turia y, junto a Quique Dacosta, constituye la dupla de embajadores más notables de lo que actualmente entraña la alta cocina en la Comunitat Valenciana. Ambos comparten, además, un espíritu emprendedor y un afán de expansión que ha favorecido aún más su proyección a nivel nacional e, incluso, más allá de nuestras fronteras. La historia de Ricard Camarena se puede resumir brevemente en una única palabra: progresión. Desde sus inicios en el bar-restaurante de la piscina de Barx, hasta el día de hoy, no ha habido ni un solo paso atrás. Todo ha sido avanzar, pasito a pasito en algunas ocasiones, a grandes zancadas en otras. Algún sonado fracaso ha habido, que el propio Ricard no trata jamás de ocultar, pero, en general, el éxito ha sido una constante en su carrera. Conocí la cocina de Ricard por primera vez en el restaurante Arrop de Gandía. No me atrevería a asegurarlo con rotundidad, pero, con toda probabilidad, aquella experiencia supuso para mí la primera toma de contacto con el mundo de la alta gastronomía. La cocina que allá se hacía dista bastante de lo degustado en esta mi última visita y, quien se sentó a la mesa aquel alejado día tampoco tiene nada que ver gastronómicamente hablando con quien les escribe ahora. Pero, con el paso de los años, he llegado a la certeza de que aquella experiencia condicionó sin duda alguna toda la relación posterior que he mantenido con el mundo de la restauración y la gastronomía. La cena en Arrop, en cierto modo, me abrió los ojos a una realidad totalmente nueva para mí. Todos los sentidos que habían permanecido como aletargados cuando me sentaba a la mesa comenzaron a despertar y a entrar en juego muchísimo más de lo que lo habían hecho hasta entonces: la vista, el olfato, el gusto e incluso el oído. No estuve en el ARC del centro de la ciudad pero sí que visité el local de Russafa en un par de ocasiones. Ya allí pude percibir que la cocina de Ricard evolucionaba constantemente y, lejos del estancamiento y la autocomplacencia, cada visita, cada menú y cada experiencia se contextualizaban en un marco referencial totalmente diferente: una marcada apuesta por el producto de proximidad en 2014, la elaboración tan personal de los caldos y fondos en 2015 o la apuesta por el mundo vegetal en esta última temporada. Nadie puede asegurar nada con rotundidad, pero todo nos lleva a creer que, ahora sí, Ricard ha encontrado finalmente su destino. Quizás no ha alcanzado la meta, y bueno es ello para todos (equipo, comensales y hasta para el propio cocinero), pero parece evidente que ahora ya tiene claro en qué mares navegar. La cocina de Camarena ha perdido aquellos puntazos de acidez y picante un tanto desmesurados que percibí en Russafa en pos de un mayor protagonismo del ingrediente o ingredientes principales. El mar Mediterráneo, pero especialmente la huerta, se erigen en la despensa cuasi única donde Ricard se abastece. La progresión alcanza trazas superlativas cuando hablamos del entorno y la sala. El nuevo espacio es digno de elogio y admiración. De ello daré cuenta a lo largo de esta valoración, pero, como el propio Ricard nos cuenta, es imposible entender la actual propuesta gastronómica desvinculándola de este maravilloso espacio. Aquí es donde cocinero y equipo han podido explotar técnica y creativamente en toda su plenitud y dar a conocer su propuesta en un marco que hace años costaba mucho imaginar. Amplitud, funcionalidad y elegancia son las trazas más notables de este nuevo local en el que se desarrolla la mejor experiencia en torno a la mesa que se puede disfrutar hoy por hoy en la capital valenciana. Los preliminares Tras una recepción formal en la mismísima puerta del edificio por parte del personal del restaurante, nos acompañan a través del patio hasta el interior del mismo. En primer lugar nos llevan hasta un amplio espacio que se ha habilitado para tomar los primeros aperitivos, dar tiempo al cliente para que haga su elección sobre el menú y poder ojear con detenimiento la carta de vinos. Es un salón de techos altos, grandes ventanales que inundan de luz cada rincón del mismo y sofás y mesas bajas donde empezamos a apreciar claramente el disfrute y relajación de los comensales. Sin embargo, nuestro grupo de seis comensales es acomodado en la pequeña biblioteca que hay anexa a este gran salón y que ejerce también como sala de reuniones del equipo según hemos podido contemplar en algunos reportajes televisivos que se han rodado sobre esta casa. Una gran mesa de mármol preside la sala en la que resulta casi imposible no fisgonear en la estantería del fondo. Encontramos en ella infinidad de libros y tratados de cocina, premios y reconocimientos que ha obtenido el restaurante, etc. Acompañamos este instante con unas copas de cava, alguna que otra cerveza y una copa de Manzanilla Maruja para quien les escribe en estos momentos. Rápidamente llegan los tres primeros aperitivos: Velouté de pollo de corral, hoja de limonero y vinagre de Jerez: Caldo que se toma directamente del vaso, sin necesidad de marcar cubertería para degustarlo. Concentración notable pero que, a su vez, se aligera ostensiblemente con los toques cítricos del limonero y tal vez de algún ingrediente más que nos lleva a recordar la cocina thai: ¿Kafir, jengibre, citronela? Nabo, rábano y huevas de arenque: Pequeño bocado muy refrescante y que deja unas leves pero muy presentes sensaciones picantes en el paladar que son bienvenidas por quienes compartimos mesa en esta ocasión. Lección magistral en pequeño formato de cómo saber combinar la elegancia con la pegada. Bonito curado, pan y jugo encebollado: Otro bocado en pequeño formato muy resultón y que ayuda a establecer esa primera toma de contacto entre el comensal y la cocina de Ricard: liviana, ligera, sutil, pero sorprendentemente sabrosa. Tras la ingesta de estos tres primeros pases y tras comunicar nuestra intención de tomar el menú Ricard Camarena (155,00 €), nos acompañan hasta el salón principal. El comedor es bastante menos luminoso que la zona de la que provenimos. Eso sí: la localización estratégica de los puntos de luz consigue focalizar toda la atención sobre cada una de las mesas. La decoración es prácticamente monocromática en tonos marrones, siendo la madera el elemento predominante. Excelente separación entre las mesas que se potencia con la colocación de varias estanterías bajas entre unas y otras, como creando pequeñas salas privadas. El desarrollo La experiencia en la sala comienza frente a la cocina abierta donde ya nos espera Ricard Camarena con los primeros bocados del menú. Sin alargarse en exceso y con un tono cercano y humilde, el propio Ricard nos comenta su apuesta clara y rotunda por los productos de la huerta valenciana como hilo conductor del menú que vamos a degustar. Camarena ahora ya no se conforma con la selección cuidada del producto, tendencia ésta ya muy extendida en los grandes restaurantes e, incluso, en otros de menos enjundia. Ahora quiere conocer, seguir y mejorar todo el proceso desde el plantado/sembrado hasta la recolección para determinar cuál es el punto óptimo de cada fruta, de cada hierba u hortaliza y poder alcanzar la excelencia en el plato. Un trabajo codo con codo con los pequeños productores que repercute positivamente a tres bandas: agricultor, cocinero y comensal. Cebolla, anchoa, ajo negro: Nos presentan en primer lugar el corazón de una cebolla que ha sido confitado y se ha rellenado con una especie de pasta de anchoas y ajo negro. Pocas veces un bocado tan primario en cuanto a su elaboración ha aportado tanta sutileza, tanto placer y cierta complejidad en boca (lo dulce y lo salado). Empezamos bien. Piel de calabacín, steack tartar y requesón: Bocado un tanto más elaborado que simula un maki japonés. El envoltorio lo constituye la carnaza del calabacín que ha sido macerada con la grasa de la vaca vieja y el corazón del mismo es una especie de tartar de la carne del animal. La ingesta desencadena una secuencia de sabores que empieza por el carácter agreste y vegetal del calabacín en primer lugar y el sabor de la vaca como final. Colinabo confitado, papada ibérica y sumak: se rinde homenaje a la cocina de tradición y a uno de los platos valencianos con más implantación: el putxero. Nos cuenta Ricard su afán por reproducir en forma de snack uno de los ingredientes que no suele fallar en dicho plato: el nabo. Se utiliza el “napicol”, como se le conoce aquí, un tubérculo más sabroso que el tradicional nabo y cuyo uso es habitual en el putxero. Después de muchas pruebas y no poco estudio se ha conseguido una cocción exacta que permite coger perfectamente el bocado con las manos sin que se deshaga pero evitando a su vez la textura y sabor desagradable que podría llegar a provocar un nabo falto de cocción. Apio bola, pollo y mostaza: Como si de una escala de complejidad técnica se tratase, alcanzamos el punto máximo de complicación en esta pequeña empanadilla. Con la carnaza del apio bola se crea una especie de masa con la que se elaboran estos “pastissets” que, a su vez, se rellenan con el ave y la mostaza. Textura peculiar, muy esponjosa, elástica, similar a la de los moshis. Tras la degustación de estos cuatro bocados, nos despedimos cordialmente del cocinero y nos acompañan a nuestra mesa donde comenzamos a disfrutar de la secuencia de platos principales. Semiconserva de tomate ecológico, ventresca de atún, habanero y jugo de tomate ahumado: Protagonismo absoluto del tomate, no de forma accidental, sino consiguiendo aquello que justamente se había dispuesto en el proceso creativo del plato. Se usa un tomate de la pera recolectado en la huerta valenciana en su momento óptimo, a finales del verano, y se guarda en una semiconserva que resulte poco lesiva y no eche a perder las magníficas cualidades de éste. Plato que evoca el recuerdo a quienes hemos tenido la suerte de degustar tomates de la huerta directamente recolectados de la mata y que llegamos a disfrutar tanto o más que aquellos que jamás hayan vivido tal experiencia. Cada bocado supone un viaje a la infancia, a la huerta familiar y a esos maravillosos desayunos o meriendas tomando el tomate directamente de la planta. Resulta muy curioso encontrar un producto tan preciado como la ventresca ejerciendo de acompañante. Marinado de albur, cremoso de caviar y caviar: El albur o llisa, cortado en pedacitos, constituye la base del plato, juntamente con una muselina elaborada con las huevas del salmón que ejerce como ligazón de esa especie de tartar. Se corona el plato con otras huevas, las del preciado caviar beluga en esta ocasión. Plato sin alardes técnicos, sin complejas cocciones ni espectaculares presentaciones pero que me atrevo a calificar como uno de los mejores del menú. Sorprende desde un primer momento la sencillez en la vajilla que se usa, constante que se mantendrá prácticamente durante todo el menú. La porcelana, preferiblemente blanca, es el soporte más usado a lo largo de toda la comida, opción muy de mi gusto. Ensalada de angula con salsa césar de anguila: Brotes tiernos y dados de anguila como base del plato y, junto a las angulas, constituyendo la parte sólida del plato, aliñado todo ello con una sutil salsa césar que no resta ni un ápice el protagonismo a quien debe tenerlo: el producto. Quisquilla, guisantes encurtidos y fresas de Canals: Tal como sucedía con el plato del tomate, se da nuevamente al vegetal el papel de primer protagonista, saliendo airoso de su envite con un producto que tanta excelencia como la quisquilla. En esa constante cuasi obsesiva por conseguir la ligereza en los platos y en todo el menú en general, se corona el plato con unas ricas fresitas que aportan ese toque ácido que contribuye a ello. Alcachofas ecológicas, anguila ahumada y holandesa de anguila: Otro de los momentos estelares del menú. La llegada de los platos a la mesa se acompaña de un muestreo en el que podemos observar las alcachofas que se usan en su elaboración. De las apariciones televisivas de Ricard en la cadena autonómica tenía constancia del pequeño tamaño de ellas, pero jamás podía haber llegado a imaginar lo realmente pequeñas que son, como de juguete. Se presentan confitadas, acompañando unos dados de anguila de cocción excelente y un presente toque ahumado con el acompañamiento de la holandesa que se elabora con el colágeno de la anguila guardando ciertas reminiscencias con un delicioso pil pil. Alcachofa de “l’horta” y anguila de “l’Albufera”. La cocina de proximidad elevada a los altares. Cigala en dos servicios: cigala asada en salamandra, velouté de cigalas, vainilla y flor de jazmín: El primer pase satisface sobradamente los instintos más hedonistas de cualquier amante de la gastronomía. El crustáceo se presenta cuasi desnudo, con una cocción de matrícula y sin condimento alguno. Homenaje al producto que se complementa con un segundo pase en el que se aprovechan los deshechos del marisco para elaborar una veoluté que aúna concentración sápida y elegancia. Cocochas y muselina de merluza, vainas de haba y jugo yodado: La cococha se presenta empanada con un rebozado de grosor notable pero sin atisbo de aceitosidad ni pesadez. El efecto crujiente que le confiere resulta divertido y nos recuerda en cierto modo los excelentes rebozados que se pueden degustar a lo largo y ancho de la geografía nacional. Las habas se cocinan levemente y se consigue con ello una textura firme muy acertada. Arroz de trufa y yema de huevo de corral: Nuevamente se rinde homenaje a uno de los productos señeros de la gastronomía valenciana. El arroz. Pocos ingredientes, pero excelente resultado. Destacable el toque de acidez que siempre he percibido en los arroces de Ricard, sin alcanzar éste el nivel de otros como el de mostaza y estragón o el de espárragos y levadura degustados en otras visitas. Presencia y protagonismo notable de la trufa negra que siempre da un juego inmejorable en combinación con los arroces melosos. Pechuga de pato Caneton, ravioli trufado y chantilly de raíz de rábano: A lo largo del menú hemos creído atisbar diferentes homenajes a las corrientes culinarias más influyentes en la carrera de Ricard: a la cocina valenciana representada por el arroz, a la cocina tradicional de la mano del colinabo del cocido o a la cocina de producto con la cigala, por ejemplo. El pato caneton es muy representativo de la cocina francesa más compleja y elegante y su presencia en el menú degustación denota respeto y admiración por esa cocina más academicista cuyos fundamentos siempre subyacen detrás de cualquier cocinero, por muy vanguardista que éste sea. Un conjunto redondo, con los puntos de cocción perfecto, con un interesante juego de texturas y con la magia de saber domesticar el sabor sanguino de la carne del pato sin restarle en demasía ese misma peculiaridad que justamente lo convierte en una carne única e irrepetible. Un grandísimo cierre a la parte salada. Mango maduro, curry dulce, hierbas y semillas: Un postre emblemático de la cocina de Camarena que ya pude degustar en mi última visita en 2015. El juego de sabores y la combinación de matices que aportan cada uno de los ingredientes resulta divertidísimo y altamente placentero. Postre ácido, ligero y refrescante como pocos haylos resultando esa crema de hierbas una verdadera genialidad. Resulta divertido jugar a descubrir entre quienes compartimos mesa qué hierbas la configuran ¿Rúcula? ¿Cilantro? Calabaza en tres servicios: Calabaza asada y mandarina; royal de almendras y calabaza asada; buñuelo de calabaza asada. Nuevamente se rinde homenaje a un postre de gran implantación en los hogares valencianos: la calabaza asada, combinándola con otros productos no menos habituales: los cítricos, representados por la mandarina, y la almendra marcona. El sabor de la calabaza actúa de nexo entre las tres degustaciones y, desde el punto de vista gustativo, no encontramos grandes diferencias entre ellas. Se distinguen entre ellas más por el juego de texturas y temperaturas que por el sabor y en ello radica el encanto de este último pase. Acabamos la experiencia en la pequeña terraza interior, plácidamente acomodados en los sofás que se han dispuesto a tal efecto. Tomamos allí los cafés y unos originales y deliciosos petit fours: roca de pistacho helada, bombón frío de chocolate con leche y avellana y chocolate blanco con crema de cacahuetes helada. Para que quede constancia, citaré los vinos con que acompañamos la comida: Recaredo Terrers Brut Nature gran reserva 2014 Gramona III Lustros Gran reserva Brut Nature 2011 Vila Tondonia Reserva 2004 Viña de Martín Escolma 2013: Un clásico en las recomendaciones Simeta 2017 El desenlace No cabe duda que el paso por esta casa supone una experiencia gastronómica de alto nivel cuyo éxito se sustenta en tres sólidos pilares. En primer lugar un entorno maravilloso con esos amplios espacios, cuasi diáfano y en el que tanto el equipo como el cliente ven sobradamente cubiertas todas sus expectativas. En segundo lugar un servicio de altura, encabezado en el caso de nuestra mesa por un excelso David Rabasa, perfecto conocedor del mundo del vino y gran maestro de ceremonias a la hora de convertir el paso por este restaurante en una vivencia cargada de emoción y naturalidad a partes iguales. Y, por último, una cocina que centra el protagonismo en la esencia de cada producto, que focaliza la atención en los sabores nítidos de cada uno de ellos aportándole suaves matices siempre en pos de la ligereza y la sutilidad. Cuesta imaginar en qué ha de mejorar la propuesta que nos ofrece hoy en día este magnífico restaurante. Podéis leer el post ilustrado con fotografías en: https://www.vinowine.es/restaurantes/ricard-camarena-la-nave-que-llega-a-puerto.html
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en Verema
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16 Marzo 2019
9,3

Restaurantes similares en Valencia

9,0
2853
Opiniones

LA SALITA

25/05/2019: Acabamos de regresar de un congreso en Valencia y hemos visitado varios buenos restaurantes. Sin temor a equivocarme, puedo asegurar que este es el mejor, aquel del que siempre te acuerdas y que recomiendas a colegas. El local, amplio y pulido, con decoración sencilla de estilo vintage. Los manteles y las servilletas, de impecable hilo beige bordado; los cubiertos y la vajilla, diferentes en cada plato, magníficos. Los camareros, son encantadores todos, y el menú degustación.... un sueño. Cada plato te sorprende por su impecable presentación, su compleja elaboración a base de productos de la región y su inigualable sabor; tu paladar va descubriendo ingredientes y texturas que no sabíamos que existían. En fin, una experiencia gastronómica que no debes perderte si estás en Valencia.
27/04/2019: Nos reunimos varios amigos a cenar el menú que más nos apeteció.
8,8
399
Opiniones

Boix Quatre

21/03/2019: Me gusta el restaurante, el trato, la presentación, la materia prima, el sabor de todos sus platos, pero es muy muy muy lento y al final pierde todo su encanto.
10/03/2019: Como siempre la comida estaba muy buena. El arroz con gamba increíble, el rape perfecto, la anchoa exquisita, en general muy bien. PERO:está vez fueron demasiado lentos y la comida se alargo bastante. Me pareció más caro de lo normal.

Cómo llegar al restaurante

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