23/02/2026: Fui a cenar a este restaurante mi primera noche en Madrid. Al entrar, me sentí muy intimidado por el ambiente frenético y ajetreado. Sin embargo, un camarero que me vio me ayudó inmediatamente a pedir y a encontrar un sitio donde sentarme. Una aclaración importante: con "sentarme", me refería a encontrar una superficie libre con un espacio vacío junto al que pudiera estar de pie.
Los camareros estaban muy ocupados, pero eran eficientes, y se esforzaban al máximo por ser atentos con sus clientes. Así que cuando llegaron mis caracoles, me dieron algunos consejos sobre cómo disfrutarlos. Ya había probado caracoles antes, pero aprecio mucho la versión española. Parecían bastante frescos a juzgar por su textura, y el pan era imprescindible para absorber la riqueza de la deliciosa salsa. También pedí patatas bravas, pero la ración de caracoles era más que suficiente para una sola persona (pedí una pequeña, claro está), así que tuve que pedirlos para llevar. Probé algunos bocados; eran básicamente papas fritas caseras americanas, pero mejor con una salsa de tomate cremosa.
Ojalá hubiera podido probar más de sus platos, pero quedé muy satisfecho con los caracoles, que es por lo que son conocidos después de todo. Cabe mencionar que sus camareros pueden ser un poco demasiado amables, ya que me encontré con uno muy tarde en la noche (creo que a las 4 de la mañana) mientras revisaba un supermercado abierto las 24 horas, quien insistió en acompañarme a comprar cuando me reconoció. Mi lado introvertido se sintió un poco inseguro, pero alguien más extrovertido podría estar más dispuesto a aceptarlo.
21/02/2026: Espectacular!!
Caracoles impresionantes (con pan para mojar), manitas espectaculares, pero el rabo de toro... de otra dimensión.
El ambiente muy bueno. Sábado tarde-noche. Hasta la bandera.
El trato, muy muy bueno. Nos atendió Gabriel, camarero de trató exquisito, con gran sentido del humor y con una actitud encomiable e hizo que disfrutásemos un montón.
Recomendable al 100%.