Su terraza cubierta de madera es un pedazo de Mediterráneo esta plaza peatonal de la capital madrileña, donde disfrutar de una refrescante comida o de un desayuno sin prisas.
Fue una experiencia genial, y Alma nos atendió genial, súper amable y aunque estaba hasta arriba siempre tiene una sonrisa y un buen servicio, el ambiente regular ya que la puerta de la terraza está rota y no facilita el trabajo a los camareros ni a la gente que está dentro que hacía frío .
La comida rica pero las porciones muy chicas. El servicio de Silvia muy bien, todo salió rápido y a tiempo. Las sillas de mimbre están deformadas y por ende son muy incomodas.