Su terraza cubierta de madera es un pedazo de Mediterráneo esta plaza peatonal de la capital madrileña, donde disfrutar de una refrescante comida o de un desayuno sin prisas.
Vinimos a comer un viernes y como siempre no defrauda. Comida rica, raciones decentes y a un gran precio. Además Alma nos atendió muy bien. Volveré sin duda, muchas gracias!