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Maralba en Almansa

9,6

Basado en 997 opiniones encontradas en 10 webs


9.8
9.2
9.2
9.6

tendencia

1
De 51
en Almansa
1
De 15
Otras cocinas españolas en Almansa

Puntuación y opiniones

Sencillamente excelente en todos los sentidos, el menú exquisito, el personal muy amable y atento, sin agobiar y el restaurante muy cómodo y agradable. En resumen un 10/10.
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en ElTenedor
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22 Julio 2019
10,0
Maralba nunca decepciona. El esfuerzo de Fran y todo su equipo de cocina por sorprendernos con nuevas y cada vez mejores propuestas hace que en cada visita nos quedemos con ganas de más y acabemos repitiendo. Cristina es una excelente anfitriona además de una sumiller de primera calidad que marida a la perfección los platos. El equipo de sala (donde sin duda destaca Emilio) hace que te sientas como en el salón de tu casa. Productos de la zona, muy bien seleccionados, pensados y trabajados para convertir sabores tradicionales de la cocina manchega y mediterránea en platos vanguardistas en los que no se pierde la esencia. De esta visita a destacar la carne, que en esta ocasión se trataba de 3 piezas del Pato: la pechuga, la pata y el foie. También el “postre” de quesos, que es una auténtica locura. También a destacar de esta visita la reforma local con el que han conseguido un espacio mucho más homogéneo y acogedor, con maderas y telas que te arropan como si de una casa se tratara. Volveremos sin duda, gracias por tanto.
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20 Octubre 2019
10,0
Cocina y maridaje fuera de serie. Restaurante elegante y sencillo, trato perfecto y platos con una estupenda variedad de sabor y una cocina creativa e innovadora y bodega muy bien gestionada. Es una opción para repetir y probar el menú largo. "Que te la den con queso"
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en TripAdvisor
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21 Septiembre 2019
10,0
Una ocasión especial, merece un escenario especial… Visitamos Almansa con el objetivo central de disfrutar de la propuesta gastronómica de Fran Martínez. No fue fácil, pues “la gota fría” nos acompañó durante todo el trayecto des de La Marina Alta. Teníamos reserva a las diez pero nos adelantamos unos veinte minutos fruto de nuestra hambruna. Problema? Ninguno, más bien lo contrario a tenor de la cara amable de Cristina.  Aunque soy consciente de que se ha realizado una pequeña reforma con la que se han ganado algunos metros, el espacio del que dispone el restaurante no es excesivo, apenas contamos una treintena de comensales distribuidos en unas nueve mesas y quedando la cocina a la vista de todos/as.   La decoración es simple y austera al tiempo que elegante: Espacios blancos y grises con remaches de madera, mesas vestidas con pulcro mantel blanco y apenas piezas de cubertería. Mientras fuera caía el mundo, allí encontramos un remanso de paz y tranquilidad.  Una vez acomodados, se nos entrega una humilde carta de papel con las tres opciones disponibles. Nosotros lo teníamos claro: Gran menú Fran Martínez. Mientras reafirmábamos nuestra intención, se nos ofreció algo de beber y escogimos dos cervezas para abrir boca.  Una vez que en cocina tuvieron claro que íbamos a por todas, nos preguntaron por la bebida: -Seguiréis con cerveza o queréis vino? Pedí la carta de vino por curiosidad y, tras ver muchas y muy variadas opciones con un gran precio, dejamos que fuese Cristina quien nos realizase el maridaje oportuno. – Id a vuestro ritmo, os voy a servir unas diez referencias, así que a vuestro ritmo o caeréis. Esa fue su recomendación. Cómo me gusta que la gente de sala sepa leer el trato y la situación de cada mesa! Agradecí muchísimo aquel tono respetuoso, cercano e informal de todo el servicio.  Con todo claro, vamos al turrón: Mientras acabábamos la cerveza, llegaron los primeros aperitivos:   - Ravioli de remolacha y pisto manchego: Un pequeño ravioli relleno de pisto manchego acompañado de una fina loncha de remolacha. Todo sabor.  - Almuerzo manchego: Dos “bolitas” fritas de patata, pan, pimienta con huevo líquido en su interior y un pequeño corte de sardina encima. Seguimos con un nivel muy alto.  - Acelgas con mantequilla de corazón de atún: Dos dados de atún recubiertos con acelgas y coronados con una mantequilla muy suave.  Tres primeros bocados de un altísimo nivel y claro carácter manchego que auguran el porvenir. Seguimos con los siguientes cinco entrantes, ahora ya acompañados del primero de los vinos de la noche: Equilibrio 09 (D.O. Jumilla, Monastrell). Un monovarietal potente y trago largo. Muy interesante en cuanto a r.c.p.  - Ajopringue manchego con pan feo: En una mini cazuela para compartir encontramos un clásico manchego con múltiples elaboraciones. Lo acompañan cuatro rosquillas crujientes. Un plato con gran sabor y carácter.  - Blimi de conejo al ajillo: Sobre una ligera tostada reposa un corte laminado del animal, cocinado al ajillo.  - Corte de manitas del cocido con hueva de mújol: Simulando el famoso helado de corte, con dos galletas u obleas crujientes a modo de sándwich, encontramos unas gelatinosas y deliciosas manitas con todo el sabor propio del cocido.  - Tocino con habitas: Sobre una hoja (no recuerdo de que planta) reposa un bombón de tocino. Textura perfecta y marcado sabor manchego.  - Gelé de aguacate con sésamo e hígado de rape: Un dado de aguacate cubierto de sésamo y con un corte de hígado de rape  sobre el mismo. Entrantes excepcionales.  Con los últimos tres aperitivos, Cristina nos sirve dos copas de Lías Finas edición limitada (D.O. Rioja, Viura). Un vino blanco con un estilo clásico pero a la vez muy sorprendente. Una vez finalizado, entramos ya en el primer plato principal de un menú en el que, si bien es cierto que no encontré ningún plato de los llamados “sublimes” (aquellos que permanecen en el recuerdo por los siglos de los siglos), tampoco recuerdo ninguna otra ocasión en la que todo el menú haya mantenido semejantes niveles de excelencia.  - Salmonete: Se presenta la pieza semicurada en sal, con un sabrosísimo jugo de salmonete salado, acompañado de encurtidos y parfait de sus hígados. Un plato con un sabor excelente y de gran nivel.  Lo acompañamos de un Fino eléctrico con tonos muy peculiares y amargos que propician un muy buen maridaje.  - La perdiz: Se presenta en dos bocados. Por un lado, un explosivo y sorprendente bombón de perdiz en escabeche. Acto seguido, en plato hondo, aparece el ave en escabeche con un delicioso consomé. De aquellos manjares en los que utilizarías el plato a modo de tazón para degustar hasta la última gota.  Con este pase, se nos ofrece de nuevo un vino tinto, Can Sumoi (D.O. Penedés, Sumoll). Un caldo de pequeño productor interesante.  - Gamba blanca: De nuevo, plato hondo, de cuchara y potente carga sápida. Encontramos el crustáceo limpio, casi intacto, junto a unas ricas almendras y un toque de alga codium. Todo ello sucumbe ante el excelente caldo de sus cabezas.  En esta ocasión degustamos de nuevo un vino blanco de pequeña producción: Terras do Cigarrón (D.O. Monterrei, Godello). Un líquido con toques ácidos e incluso ásperos. Gran combinación.  - Cordero manchego: En un recipiente hondo, se presentan distintas partes del animal ( ventresca, rechigüela y seso) cubiertos con un velo de leche de oveja que aminoriza el sabor cárnico. Ya en la mesa, se baña el conjunto con caldo del cordero. De nuevo, excelente.   Aquí cambiamos de registro y volvemos al color rojizo con El prohibido, un tinto joven con crianza elaborado en Finca Millara.  - Calamar: Se presenta en diferentes texturas y cocciones (tallarines y filete que recuerde) con royal de cebolla asada y caldo de calamar y jengibre. Un plato complejo debido a las texturas, las cuales pueden resultar tirantes en ciertos momentos. Arriesgado.  - Pescado de playa: En un plato plano, se sirve un filete tierno y jugosos de pescado (disculpad que no recuerde cual). Este se acompaña de un suave pil pil de sus pieles y sus propias espinas en formato “snack”. Notable.  Para este plato, Cristina nos recomienda un extraordinario Albariño, con una personalidad sorprendente, como es Soverribas (D.O. Rias Baixas).  - Pato canetón: Tres piezas por separado del ave, con diferentes texturas pero todas ellas de un excepcional sabor. Se baña en salsa de tupinambo y bearnesa de foie.  - Pichón: Una tierna pechuga del ave perfectamente cocinada. Junto a ella, un ravioli de morteruelo de caza delicioso, con ralladura de trufa y piñones.  Junto a los dos últimos platos descritos, volvemos al tinto en este increíble viaje de la mano de Cristina Díaz y Fran Martínez. En esta ocasión, degustamos un Rodríguez de Vera (IGP Castilla). Un vino de finca con producción limitada a base de Merlot, Cabernet, Syrah y Garnacha.  Después de todo este festival y con el apetito ya escaso, pasamos a la “traca final”, que te la den con queso. Se trata de cuatro bocados que, para los amantes del queso, saben a gloria. Un primero compuesto por un esponjoso queso de vaca con mantequilla tostada y vino tinto espolvoreado. Espectacular. El segundo es puro carácter manchego, un Bombón crujiente relleno de un líquido queso manchego al romero. Una grata explosión de sabor. En tercer lugar, un rico brioche de queso de cabra en ceniza, quizá el menos sápido de los cuatro. Por último, un rico buñuelo de montagnolo. Repito: Espectacular.  Con este pase, la parte líquida vuelve a los tonos amarillos aunque sin abandonar la bodega Rodríguez de Vera. En este caso, degustamos Atalaque (D.O. Méntrida) elaborado al 100% con moscatel.  Así pues, nuestro viaje empieza a tocar a su fin de la mano de la mano de un postre:  - Granizado de fresas, mouse y sorbete de almendras tiernas y jengibre. Un postre fresco y muy agradable aunque, como ya comenté en otros post, creo que se le otorga muy poco protagonismo a esta parte del menú en muchas ocasiones.  Para este dulce final y junto a los petit fours, bebimos un VDM Orange, un moscatel dulce de pequeño productor  con toques de naranja. Muy bueno.  Debo agradecer también al equipo de Maralba, a quien mandé un correo previo, que junto al postre sacaran una vela con la que celebrar la ocasión especial que mencionaba al principio. Un detallazo.  Y así, llegando a las dos de la madrugada, sin el equipo ya en el restaurante y prácticamente cerrando el local junto a Cristina, nos despedimos con la sensación de haber encontrado un sitio especial, una nueva casa en la que disfrutar sin límites en Almansa. Como ya dije al traspasar la puerta y volver al mundo real, hasta pronto Maralba. 
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en Verema
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10 Mayo 2019
9,3
Es la tercera vez que voy a éste
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en ElTenedor
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09 Agosto 2019
7,0
Comencé a leer sobre Maralba a finales de la primera década de los 2000. Todo cuanto llegaba a mí era positivo y sólo faltaba desplazarse hasta allí para corroborar que la gente no estaba equivocada. Mi primera visita se produjo un mes de octubre del año 2011, en un épico doblete Pincelín + Maralba que aún hoy recordamos entre risas y con cierta melancolía. Aquella noche todas las dudas quedaron despejadas, desde el primer minuto, con la atención cercana y el servicio esmerado de Cristina y con la cocina cautivadora de Fran que nos conquistó por completo desde el primer bocado. Tras aquella primera toma de contacto, dos han sido las ocasiones, más la que hoy nos ocupa, en las que he vuelto a visitar esta casa. Pocas si se tiene en cuenta el disfrute que han supuesto. En ese periodo de tiempo el tándem formado por Fran y Cristina ha vivido experiencias extraordinarias como el reconocimiento a su labor con la primera y la segunda estrella Michelin y otras menos exitosas como el asesoramiento gastronómico a otros negocios que no han sabido absorber o entender la honradez y el tesón que caracterizan a esta pareja. Pero, a pesar de unas y otras, Fran y Cristina jamás han dejado de reconocer a Maralba como su proyecto vital más importante, profesionalmente hablando, como su gran y casi único proyecto, aquel al que se deben y a quien le deben todo lo que hoy Maralba representa para la hostelería manchega e, incluso, para el panorama nacional. Maralba es un proyecto dinámico, un ente con vida propia que no deja de mutar, de crecer, pero sobre unas raíces bien sólidas que lo hacen fuerte y que le auguran una larga vida: la confianza y fidelidad del cliente, el trabajo de un equipo consolidado (varias son las personas que llevan años trabajando allí) y el tesón y buen hacer de este matrimonio que se antoja inquebrantable profesional y sentimentalmente. La cocina de Fran Martínez se caracteriza, ante todo, por el saber y el sabor. El de Elche de la Sierra se formó durante años en Cataluña y fue en el restaurante Mas Pau donde acumuló gran parte de ese saber que ahora derrocha en su propia casa. De ese contacto con el mar Mediterráneo le viene su pasión por el producto marino. Asiduo a la lonja de pescado de la Vila Joiosa, de donde se abastece diariamente, Fran sabe dar cabida en sus platos a los peces más comunes, incluso a aquellos de descarte como la rascasa o la galera, encumbrándolos hasta conseguir el nivel de otras grandísimas creaciones con pescados de más enjundia. Pero esa apuesta por el mar no le lleva a dejar de lado las raíces y la personalidad tan marcada que caracteriza a la cocina manchega, una de las que atesoran un carácter más recio y contundente del variopinto panorama nacional. En sus menús jamás falta los majados manchegos como el ajo pringue, el atascaburras o el ajo “atao”. Tampoco la caza, estandarte más significativo del recetario castellano-manchego. En Maralba se adora esa vertiente y se sabe domesticar con maestría ese carácter impetuoso tan presente en la cocina tradicional para lograr creaciones de gran delicadez en cuanto a presentación y textura sin perder un ápice de su sabor. Gran menú Fran Martínez (con alguna que otra sorpresa): - Primer pase de snacks, compuesto por tres pequeños bocados: Almuerzo manchego (yema de huevo, patata y pimiento seco); tomate relleno de pisto y emulsión de cebollino; hoja de acelga, mouse de acelga y mantequilla de anchoa. - Segundo pase, configurado por otros tres snacks: Presa ibérica con el adobo clásico de la orza manchega; blini (tortita de yogurt) de conejo al ajillo; ajopringue con bastones de pan feo. - Pase de “tapitas sorpresa” (otras tres): Nigiri de jurel. La base del nigiri es una reinterpretación de la típica elaboración de sushi: se cuece el arroz durante bastante tiempo (más de lo normal) con agua abundante y, después, se desecha el arroz y se mezcla el agua de la cocción con gelatina y vinagre de arroz, se monta la mezcla y con esa especie de mouse se preparan unas bolitas que se rellenan con un tartar de jurel y alga nori, Finalmente, éstas se cocinan en un caldo base; aguacate en texturas aliñado con cilantro, lima y chile picado; manitas de cerdo: se guisan, se deshuesan y se marcan para conseguir una corteza crujiente. La primera toma de contacto del cliente con la cocina de Fran Martínez es directa y sin tapujos. Los nueve bocados que acabamos de degustar son una demostración del uso preciso de las técnicas de cocina y una apuesta muy marcada por los sabores intensos y persistentes en cada una de las degustaciones. - Salmonete de roca: el pez se cocina al vapor y, después, se le da un toque de brasa a la piel. Finalmente se acompaña de una emulsión del propio salmonete y alcaparras. Una de las mayores virtudes de Fran, como ya he dicho, es su vasto conocimiento en el tratamiento del pescado. Este salmonete así lo demuestra y pasa a engordar la larga lista de platos marinos de calidad excelente que he podido probar en esta casa en esas cuatro visitas. - Tomate de Liétor: La base del plato es una velouté que se elabora con el propio tomate, sardinas a la brasa y sardina salada (también conocida como de bota o de casco). Sobre ella se dispone nuevamente el tomate presentado en diferentes texturas: semideshidratado, en granizado (de tomate seco) y con sus semillas en crudo. Corona el plato un dado de sardina marinada con vinagre de arroz y el agua del propio tomate. Plato de producto, sencillo, pero de indudable calidad. - Gamba blanca y bombón de leche de almendra y algas: el crustáceo se atempera al vapor a 65º y se acompaña del bombón, un poco de kimchi, alga codium y el caldo de la gamba en dos texturas: emulsionado y tibio con sus corales. Plato de muchos matices que aúna magistralmente una carga sápida considerable y una ligereza sorprendente. - La cigala (plato fuera del menú y que posiblemente se incorporará a éste en breve): Se sirve en dos pases. En el primero nos presentan la cabeza de la cigala cocinada a la brasa. Mientras ha estado en la parrilla se la ha ido pincelando con un aceite de la grasa del tuétano de ternera. En el segundo pase nos ofrecen la cola de la cigala acompañada de un paté de tuétano todo ello dispuesto sobre un fondo que se elabora con los corales de la cigala. El emplatado culmina en la mesa y ante el comensal: se muestra la cañada y, con la ayuda de una cucharilla, se extrae el tuétano que se coloca sobre las colas del crustáceo. Una maravilla. - Ensalada de perdiz en escabeche: En el centro del plato se coloca una bola central con la royal de la perdiz. A su alrededor se dispone la perdiz, cocinada al estilo tradicional y desmigada, unas semillas de mostaza, unas porciones de un bizcocho que se prepara con la verdura del escabeche y un parfait del hígado del ave. El conjunto se salsea con un consomé de los huesos tostados de la perdiz. Como les decía, La Mancha y su gastronomía siempre tiene una presencia destacada en los menús de Maralba. - Calamar: Plato clásico en la cocina de Fran que difícilmente puede salir del menú degustación dada la gran aceptación con la que cuenta entre la clientela más habitual. El cuerpo del cefalópodo se marca a la plancha y se acompaña de unos tallarines del propio crustáceo salteados al wok, un bizcocho de su tinta, unas perlas de tapioca y una royal de cebolla asada, jugo de calamar y jengibre. Impresionante. - Rascasa, apionabo e hinojo marino: La rascasa es un pescado de roca similar a la gallineta o al cabracho. En Maralba se cocina a la plancha y se acompaña con el apionabo en dos texturas (la crema que cubre el fondo del plato y las bolitas que lo decoran) y con una sopita de hinojo de mar. Plato muy sencillo en el que el protagonismo recae en la desnudez del pescado levemente aderezado con los matices vegetales del tubérculo y el alga. - Pichón en dos servicios: Como primer pase nos sirven la ensalada de pichón: las láminas de carne, levemente cocinadas, se disponen a modo de rollitos y se acompañan con un ravioli del morteruelo del propio pichón, un jugo de su asado, unos piñones y unas flores de penta. El segundo pase es el muslo confitado y acabado en las ascuas. Sencillo, muy simple, pero enormemente suculento y gulesco. - Cordero manchego: Nos presentan unos daditos que se sacan del lomo y se preparan a la brasa. Se acompañan de un jugo emulsionado de hígado de caracoles. Se usa el caracol pequeño que se guisa al modo tradicional con tomate, cebolla, guindilla, hinojo… Una manera muy sutil de introducir en la alta cocina un alimento tan controvertido como éste que cuenta con mucho arraigo en la cocina tradicional del país, pero que, a su vez, despierta bastante aprensión entre un sector grande de la sociedad. - Pato Canetón en dos pases: En el primer pase se sirve la pechuga del ave asada a la brasa, una royal que se elabora con sus muslos y el paté que se prepara con el hígado y vino de Oporto. Se acompaña con una cremita de tupinambo y una bearnesa de foie. Como segundo pase se sirven las alitas confitadas y acabadas en la brasa con salsa hoisin. Idénticas sensaciones que cuando degustamos las alitas del pichón. Bocados sin excesivas complicaciones pero enormemente suculentos. - Que te la den con queso: Se comienza con el bombón de queso de O Cebreiro (Lugo) con una cobertura de polvo de vino tinto y se sigue con otros tres de quesos manchegos: el de queso curado (leche de oveja) con cobertura de manteca de cacao y romero, el de leche de cabra (Moluengo), y el de queso azul (Quesería la Torre). - Bizcocho de yogurt helado con naranja y nuez moscada, apio confitado con especias, manzana, helado de té negro con limón y una sopita de hinojo, lima y albahaca. Tan solo con leer el enunciado de este primer postre y de todos cuantos le sucederán, el lector puede hacerse una idea del nivel de complejidad que se alcanza en el mundo de los postres en Maralba. El yogur, el apio, la manzana y los cítricos dotan al conjunto de un alto grado de acidez que se complementa a perfección con los toques frescos del hinojo y la albahaca. - Cremoso de azafrán con frambuesa y helado de leche “agarrá”: Se rellenan las frambuesas con una gelatina de orujo de miel y se acompañan con una mouse helada de azafrán, el helado de la leche tostada y una sopita de frambuesa y naranja. Nuevamente sorprende la gran cantidad de ingredientes y el uso milimétricamente estudiado en sus proporciones. Dulzor contenido aunque subiendo un nivel respecto a su predecesor es una secuencia gradual y magistralmente estructurada. - El higo: higo asado con especias y un caramelo de mantequilla de ajos, helado de almendras, mouse de leche de higuera, bizcocho de amaretto e higos, crema inglesa con almendras y vainilla, toffee de mantequilla, melisa y gelée de vinagre. Postre de temporada, aprovechando el fruto de la higuera como ingrediente principal y acompañándolo inteligentemente de un sinfín de secundarios. - Chocolate-café: bombón caliente de chocolate, algarroba y cardamomo; brownie helado de chocolate; helado de sésamo tostado y crujiente de chocolate y algarroba. Último pase dulce que, cumpliendo con los deseos y expectativas de gran parte de los mortales, gira en torno al chocolate. Juego divertido de texturas y temperaturas que supone el broche de oro a una comida memorable. En el campo del bebercio nos pusimos en manos de Cristina que fue acompañando el largo menú con diferentes vinos buscando en algunos casos la armonía con los platos de Fran o, en otros, la singularidad o originalidad de los vinos. A lo largo de la comida, también se percibe una apuesta firme por los vinos castellano-manchegos y los vinos mediterráneos, siendo ambos los que acumularon más presencia en este no-maridaje. Pudimos probar: - Mainetes Crianza – Monastrell (DO Jumilla) - Aldonza Clásico – Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon y Merlot (DO La Mancha) - Honorio Rubio Lías finas rosado – Viura y garnacha (DO Rioja) - Miriade 2018 Viognier – Vallegarcía  (Montes de Toledo) - Can Sumoi 2017 Ancestral Sumoll – Parellada, sumoll y xarel·lo – Raventós y blanc (Penedés) - Benimaquía Tinajas – Moscatel de Alejandría y merseguera – Bernabé y Navarro (DO Alicante) - Nanclares 2017 – 100% Albariño (DO Rias Baixas) - Marqués de Poley – Palo Cortado (Toro Albalá) - Atalaque Garnacha del Horcajo (DO Méntrida – Toledo) - L’alegria 2016 (Bruno Murciano) – Bobal (DO Utiel Requena) - Berretes Orange wine – Godello y Albillo real (Zamora) - Atalaque Moscatel (DO Méntrida – Toledo)   Cuando llega el momento de dejar el restaurante, quien hoy les escribe, revive las mismas sensaciones que he experimentado todas las veces que he cruzado la puerta de salida. Maralba es uno de esos sitios en los que uno se siente feliz. La calidez y sosiego de la sala (sometida con acierto a varias reformas), el trato familiar de Cristina, el derroche de ingenio y la suculencia de los platos de Fran y el haber podido compartir comidas aquí con un buen puñado de buenos amigos son garantía de éxito seguro. Una vez ya en la calle en lo único que se piensa es que, estando relativamente cercano de mi hogar, no debo permitir distanciar tanto una visita de la siguiente. Y, aunque posiblemente no lo cuente por aquí, doy fe que voy a cumplir mi promesa. Gracias Maralba, gracias Fran y Cristina. Pots ilustrado con fotografías en: https://www.vinowine.es/restaurantes/maralba-la-felicidad-se-encuentra-en-almansa.html
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en Verema
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12 Octubre 2019
9,6
Visita en solitario a este Restaurante dos estrellas Michelín de Castilla la Mancha lleno de ilusión. Lugar céntrico, fácil aparcamiento gratuito. Para entrar hay que llamar a un timbre y comienza el show. Lugar tranquilo, limpio, con buena separación entre mesas. Baños y sala acorde a un restaurante de esta categoría. La atención muy esmerada y profesional. Elegí el menú medio y la verdad es que es una sorpresa la presentación , sabores agradables, diferentes, variados. Cubertería a la altura. Entrantes muy ricos y la carne excepcional, así como los postres. Gracias por poder asistir a un restaurante de dos estrellas por unos 75 euros, cosa excepcional y poder salir sintiendo una nueva inversión para ti.
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en TripAdvisor
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13 Octubre 2019
10,0
Unas merecidisimas 2 estrellas. Sacando el máximo partido a la comida manchega llevada a su versión más gurmet. Para mi digno de mención ¡Que te la den con queso! Unos bombones de sorprendentes texturas y sabores a queso. El jamón serrano en pan inflado es de 10. Las manitas de cerdo perfectas y para mí el colofón se lo llevó la carne. Que en mi caso fue pato. Y lo ponen como en tres texturas y partes diferentes del pato. El maridaje también muy bueno y el servicio muy agradable. Repetiremos!!!
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10 Octubre 2019
10,0

Restaurantes similares en Almansa

8,4
406
Opiniones

Casa Antonio Almansa

09/08/2019: Parada a comer camino del lugar de destino de vacaciones. Miércoles. Restaurante vacío. Menú normalito. A destacar una ensalada, bien presentada. En el debe, una paella de verduras con guisantes, a la que le faltaba cocción y sabor y una hamburguesa de pollo, que el carnívoro de la familia desaprobó. También me gustó la profesionalidad y educación de Antonio. El local, limpio y agradable. Si hay próxima vez, pediremos platos de la carta.
04/06/2019: Se come bien en este sitio. El arroz estaba en su punto. Con unos entrantes de tomate con ventresca y unas croquetas se completó la comida. Unas cervezas y vino 2 postres y tres cafés. Total 101 € para tres personas. El servicio muy atento.
8,1
728
Opiniones

La Ventica

19/06/2019: Muy mejorable el servicio y la amabilidad en la recepción de los clientes. La comida buena y tradicional.
16/07/2019: Buenas! Si hay un sitio donde comer gazpachos manchegos auténticos y a un precio razonable es la Ventica! También tienes buena brasa y platos muy variados caseros! Cerca de allí esta el pantano de Almansa con su presa romana.

Cómo llegar al restaurante

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