Si no te gusta el sushi, no te preocupes porque los que hay aquí son tempurizaos (fritos) y te gustarán, el bao bastante bien también.
No es barato para ser franquicia, pero no está mal.
Recomendable.
juan miguel jaenada carrilero
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18 Enero 2026
10,0
Nos ha gustado mucho el local, la comida excelente, y el personal muy atento sobretodo Alianna muy centrada en su trabajo y que no nos falte de nada... volveremos al local del centro comercial Saler Valencia.
Pedro Mozos
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18 Enero 2026
8,0
Una comida diferente pero muy sabrosa, aunque falta Ramen Ichiraku (el de Naruto)El local está muy bien diseñado. La atención de los camareros perfecta, sobre toda la de Alianna. Seguro que volveremos.
Isabel Martinez
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18 Enero 2026
10,0
Nos ha encantado ir a comer a este local.
Esteban nos atendió estupedamente y la comida estaba buenísima. Servicio de 10 y precios asequibles.
Amanda Guillén
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17 Enero 2026
10,0
Muy buen servicio por parte de esteban y la comida muy rica
Lucas Martínez
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17 Enero 2026
10,0
Deliciosa comida asiática y rollo de sushi de camarones 😍
Julia Jesion
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15 Enero 2026
10,0
Luis un profesional mil gracias por tu atención
thes
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15 Enero 2026
10,0
La comida muy buena y el servicio de nuestro camarero Luis, excelente. Repetiremos sin duda.
Gonzalo Tendero Martínez
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11 Enero 2026
10,0
Hemos visitado Kamodo, ubicado en el Centro Comercial Saler de Valencia, en familia (cuatro personas: dos adultos y dos niños). Nuestra valoración global de la experiencia sería de 3 sobre 5, ajustada a lo vivido durante la comida.
Se trata de un restaurante orientado a un público que desea aproximarse por primera vez a la cocina asiática (japonesa, tailandesa, etc.), pero que no resulta especialmente recomendable para quienes ya han frecuentado restaurantes especializados en este tipo de gastronomía. En general, los platos presentan sabores planos, una elaboración sencilla y una ejecución bastante básica. El producto es correcto y se puede consumir sin problema, pero carece de identidad y de un nivel culinario destacable.
De todo lo que pedimos, lo más reseñable fueron unas gyozas de novedad, de carne de wagyu ahumadas, que resultaron lo más acertado del conjunto.
Las berenjenas fritas, sin embargo, presentaban un regusto evidente a aceite reutilizado, lo que sugiere una falta de reciclado del aceite.
El pato “Kamodo”, una versión propia de pato laqueado, no destacó por su ternura y tenía un sabor final algo extraño. No sabríamos precisar si se debía a la salsa empleada o a que el producto llevaba tiempo cocinado.
Platos como el ramen curry, el curry amarillo de gambas y el Pad Thai de pollo mantuvieron la misma línea: elaboraciones correctas, pero muy simples y sin profundidad de sabor. Habiendo probado estos platos en restaurantes especializados, la diferencia en calidad y complejidad es notable.
Un aspecto especialmente relevante es el precio, que consideramos elevado en relación con la calidad y el nivel de los platos ofrecidos. El coste final fue comparable al de restaurantes japoneses o tailandeses especializados, pero la experiencia gastronómica no estuvo a la altura de ese posicionamiento.
En cuanto al ambiente, el local es pequeño, oscuro y con la música excesivamente alta, lo que dificulta una comida tranquila. Además, la presencia de cócteles y el tipo de ambientación apuntan claramente a un público joven, más interesado en un entorno animado que en una experiencia gastronómica relajada. Por este motivo, no nos pareció un espacio adecuado para familias, personas mayores o para quienes buscan disfrutar de este tipo de cocina con calma.
En conclusión, Kamodo puede ser una opción puntual para una comida informal o para quienes quieran iniciarse en la cocina asiática en un ambiente más dinámico, pero no destaca ni por la calidad culinaria, ni por la relación calidad-precio, ni por ser un restaurante pensado para todos los públicos.
La comida estaba realmente buena. Nos sentamos en la terraza, con unas vistas preciosas a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. El servicio fue atento en todo momento. Se agradece que, tratándose de cocina asiática, sepan orientar al cliente y explicar los platos. Incluso se dieron cuenta de que uno de los comensales hablaba inglés y enseguida trajeron la carta en ese idioma sin que tuviéramos que pedirla. Una experiencia muy agradable.