Buen servicio, buena carta y buenos platos bien elaborados .
Lastima del infernal ruido , que impedía mantener una conversación en tono normal, por una grupo numeroso de personas incívicas , mal educadas , que actuaban como si estuvieran en su casa.
La dirección del restaurante, debería haberles dicho que bajarán el tono de los chillidos y otras expresiones, puesto que no estaban solos, y deberían respetar al resto de comensales .
En fin, un ambiente que estropea la calidad del servicio y de la comida
Andres Castillejo
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22 Marzo 2026
8,0
Buen producto, buen servicio. Precio algo elevado.
Si se reserva con antelación no se puede pedir el menú, solo carta.
Angel Juan Minguez
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17 Marzo 2026
8,0
Éramos cuatro personas y tuvimos una experiencia fantástica. La comida fue excelente, y nos impresionó especialmente la parrilla Josper que utilizan, que le da a la carne un sabor increíble. La carne estaba perfectamente cocinada y llena de sabor. El servicio fue atento y el ambiente muy agradable. Disfrutamos muchísimo del almuerzo y sin duda lo recomendaríamos a cualquiera que busque buena comida a la parrilla en Madrid.
José Torres
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14 Marzo 2026
10,0
Buen ambiente, comida deliciosa y servicio excepcional. Merece la pena la carta y el menu
Jose Reviriego Moreno
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10 Marzo 2026
10,0
Arroces buenisimos y las puntillitas me encantaron
Volvere
Luz Carmelo
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09 Marzo 2026
8,0
Ya es la tercera vez que vengo a este restaurante y me encanta ! La calidad es excelente, los precios son correctos dada las cantidades y la elaboración. Lo recomiendo muchísimo !
Isabel Pons
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05 Marzo 2026
10,0
Nos ha encantado. Atención excelente y platos exquisitos.
MLR López
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02 Marzo 2026
10,0
La Mallorquina no es simplemente una pastelería; es el latido dulce de Madrid, un testigo inmutable del paso del tiempo que ha sabido mantenerse erguido en el kilómetro cero de la capital desde finales del siglo XIX. Situada en la emblemática esquina de la Puerta del Sol con la calle Mayor, este establecimiento fundado en 1894 por tres mallorquines —de ahí su nombre— se ha convertido en mucho más que un local de restauración: es una institución, un punto de encuentro generacional y el refugio aromático de miles de madrileños y visitantes que buscan, entre el bullicio de la plaza, un bocado que sepa a tradición.
Al cruzar sus puertas, lo primero que golpea al visitante no es solo el olor embriagador a mantequilla, azúcar glas y hojaldre recién horneado, sino una atmósfera que parece suspendida en el tiempo. La planta baja es un microcosmos de la vida madrileña. Aquí no hay tiempo para las pausas largas ni para las contemplaciones silenciosas. Es un escenario de "café y rápido", donde los camareros, impecablemente vestidos con sus chaquetas blancas, se mueven con una coreografía frenética pero precisa detrás de los mostradores de madera y cristal. El tintineo de las cucharillas contra las tazas de cerámica y el rumor constante de las conversaciones crean una banda sonora única, una energía eléctrica que solo se encuentra en los lugares que han visto pasar la historia de una ciudad frente a sus ventanales.
El mostrador es, sin duda, el protagonista absoluto. Allí reposan las famosas napolitanas de chocolate y de crema, posiblemente el producto más icónico de la casa. No son unas napolitanas cualquiera; su masa es ligera, crujiente por fuera y tierna por dentro, con un relleno generoso que se deshace en la boca sin resultar empalagoso. Pedir una napolitana en La Mallorquina es un rito de iniciación para cualquier turista y una costumbre sagrada para los locales. Pero la oferta no termina ahí. Las ensaimadas, que rinden homenaje a los orígenes de los fundadores, son de una delicadeza extrema, espolvoreadas con esa lluvia de azúcar que parece nieve sobre un paisaje de masa enrollada.
Si uno decide alejarse del frenesí de la barra y subir por las estrechas escaleras hacia la primera planta, el ritmo cambia por completo. El salón de té del piso superior es un oasis de calma señorial. Desde sus mesas, situadas junto a los grandes ventanales, se puede observar el fluir constante de la Puerta del Sol: las manifestaciones, los artistas callejeros, el Oso y el Madroño y el reloj de la Casa de Correos. Es, probablemente, uno de los mejores miradores de Madrid, con la ventaja de poder disfrutar de la vista mientras se degusta un chocolate con churros o un bartolillo madrileño.
Guillermo Musica _
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01 Marzo 2026
10,0
Fuimos en familia a celebrar El cumpleaños 25 de la sobrina. Han sido muy amables h los platos exquisitos. Muy recomendable
ANA HERRERA PUERTA
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23 Febrero 2026
10,0
Nos ha encantado. Comida española muy buena en un sitio muy agradable. Como fuimos en grupo pedimos un menú. Se puede visitar luego la Quinta de los Molinos que está muy cerca
Julio
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15 Febrero 2026
8,0