Experiencia agridulce.
Es la taberna más antigua de Madrid. Desde 1786. Y por tanto tiene un encanto único, se huele la vejez del lugar y la autenticidad. Pero no todos los platos están en el mismo nivel.
Los huevos rotos están buenísimos. Pero las bravas son malísimas, parecen patatas con tomates fritos. Sin gracia alguna. Hasta tanto punto que pedimos salsa Tabasco para dárseles gracia.
Parece un sitio que vive un poco de lavas, pero de ambiente auténtico.
Venir aquí es sentirse parte de la historia de Madrid, es la taberna más antigua de la ciudad. Solo por eso, lo recomendaría, pero la comida y la atención también son un 10/10.
Reservamos para almorzar en nuestro viaje a Madrid al ver que era la taberna más antigua y no nos ha defraudado: local castizo con comida tradicional y un precio adecuado. Las croquetas de cocido madrileño estaban deliciosas. Gracias!!