Techos altos de donde cuelgan nuestras emblemáticas lámparas de mimbre, una amplia terraza y la esencia del Mediterráneo en cada detalle. Todo ello en corazón de una ciudad inquieta y emergente como es Torrent.
Melisa fue una anfitriona fantástica que tolero la locura de mis niños. Mi esposa y yo apreciamos esto tanto como la comida. De verdad nos sentimos bienvenidos a volver
Adicional al servicio fantástico, la comida estuvo top cómo siempre.
Recomiendo el costillar. Para la próxima pido el tempura de verduras que le vi muy bueno
El Saona de Torrent, aunque tenga la marca Saona, no hace justicia al nombre de esta por diversas razones:
Lo primero e importante, es que apoyo totalmente al trabajador que siempre tiene que atender las mesas, pero es cuanto menos molesto ver que te niegan un plato porque no queda, y vértelo en otra mesa como si nada.
Luego le sumas el problema del efectivo, si bien vamos a un camino futurista digital, lo cierto es que hay personas que aún seguimos usando efectivo por x razones, y es deplorable que te digan: “No tenemos déjanos que vayamos al banco”.
Continuando con la comida, habían platos que estaban muy buenos y se notaba la calidad, pero otros que eran un chiste a comparación de estos, como saber que el arroz era al dente si en la imagen aparece blando y sabroso.
Siguiendo con los aspectos rescatables, el lugar es muy chulo y de buena localización para lo complicado que es a veces aparcar. El único pero que pondría es que es complicado sentarse debido a las lámparas, de las que alguien con una altura al promedio, se puede llevar más de un golpe.
Este Saona tiene más aspectos malos que buenos, y es triste porque con un buen esfuerzo y gestión se podría lograr grandes cosas.
Nuestra primera impresión fue que el lugar es muy acogedor con un ambiente agradable y linda decoración la comida muy buena sobre todo en la presentación y con una buena atención por parte de Cristian Melani y Adrián