Visitamos este restaurante especializado en gastronomía catalana con muchas ganas de disfrutar de una comida tradicional hecha con mimo, y la verdad es que la experiencia tuvo momentos realmente brillantes y otros que podrían mejorar. Aun así, salimos con la sensación de haber probado una cocina auténtica, basada en el producto y en la brasa, que es sin duda el corazón de la casa.
Empezamos con una selección de verduras a la brasa, y fue un acierto absoluto. Bien hechas, con ese punto de humo que realza el sabor sin enmascararlo, y una textura perfecta. Fue una entrada sencilla pero muy bien ejecutada, de esas que te preparan para lo que viene después.
Las habitas, en cambio, fueron el plato menos logrado de la comida. No nos convencieron: estaban con la piel demasiado seca, lo que hacía que la textura resultara un poco áspera y no tan agradable como debería. Una pena, porque es un plato que podría lucir muchísimo más.
Los cargols a la brasa nos reconciliaron enseguida. Muy buenos, sabrosos, con ese toque tradicional que te transporta directamente a una masía catalana. Se nota que dominan la brasa y que saben tratar este tipo de producto.
Con las alcachofas a la brasa tuvimos sensaciones encontradas. El sabor era bueno, pero para mi gusto se desperdicia demasiado al limpiarlas, y al final lo que queda del corazón comestible es apenas un bocadito. No es un fallo del restaurante, sino más bien del propio plato, pero aun así deja la sensación de querer un poco más.
Los calçots fueron, sin duda, uno de los grandes momentos de la comida. Espectaculares, tiernos, dulces, con ese punto ahumado perfecto y acompañados de su salsa. Un imprescindible si se visita el restaurante.
El mix de butifarras también estuvo a la altura: jugosas, sabrosas y con una variedad que permite disfrutar de diferentes matices. Un plato contundente y muy bien preparado.
Mención especial merece el pan con tomate, que fue impresionante. Lo sirven de la manera más auténtica: el pan llega a la mesa y el tomate lo ponen al momento, lo que marca una diferencia enorme en frescura y sabor. Un detalle sencillo pero que demuestra cuidado y respeto por la tradición.
Para acompañar la comida pedimos un vino blanco que nos sorprendió muchísimo. Estaba impresionante, fresco, equilibrado y perfecto para este tipo de platos a la brasa. Un maridaje que elevó toda la experiencia.
En los postres tuvimos dos opciones. La tarta de queso no nos pareció nada del otro mundo; correcta, pero sin destacar especialmente. En cambio, la crema catalana estaba buenísima: cremosa, aromática y con ese toque de azúcar quemado que la hace irresistible. Un cierre dulce y muy bien logrado.
En resumen, es un restaurante que apuesta por la esencia de la cocina catalana y la brasa como protagonista. Tiene platos memorables, otros que podrían mejorar, pero en conjunto ofrece una experiencia auténtica, sabrosa y con momentos realmente brillantes. Ideal para quienes disfrutan del producto, del fuego y de la tradición bien entendida.
Oihana Maneiro
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28 Diciembre 2025
8,0
Comimos verduras, caracoles a la brasa exquisitos, los caracoles satisfacen bastante es recomendable pedir una ración para dos,costilla de ternera a la brasa muy buena to ello acompañado de pan tumaca.
Santiago Santos Garcia
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16 Septiembre 2025
10,0
De diez. Hemos comido de lujo. Todo con sabor exquisito. Raciones estupendas. Pan con tumaca sabrosisimo, escalibada perfecta, embutidos brasa ricos ricos, caracoles exquisitos, calcots maravillosos y una fidegua abundante y de chuparse los dedos todo regado con rico vino y postres estupendos. Sitio para recomendar. Personal muy simpático y atento. Más no se puede pedir.
ANA “Negra”
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15 Septiembre 2025
6,0