05/04/2026: Abierta la cocina de corrido, con muy buen servicio y raciones grandes. Muy recomendable.
24/03/2026: Una experiencia de placer culinario… y una contabilidad meticulosa
Llegamos tarde, claramente en la categoría de “clientes a los que podríamos rechazar fácilmente”, pero aun así nos recibieron con una sonrisa y nos dieron rienda suelta para elegir de todo el menú. Un primer punto a favor, y uno muy significativo.
En cuanto a la comida, es difícil encontrarle fallos sin ser hipócrita. Las croquetas son simplemente excelentes: jamón ibérico, cecina, rabo de buey… cada una es una pequeña declaración de amor a la gastronomía española. El pulpo a la gallega también es un éxito, aunque su fuerte condimento podría resucitar a los muertos. Y la sangría casera es completamente diferente a la típica bebida para turistas: delicada, ligeramente espumosa, verdaderamente excepcional… y sorprendentemente a un precio razonable.
Y luego está… la atención al detalle. O mejor dicho, un sentido de la previsión.
¿Te apetecen unas patatas bravas? Mala suerte, no están en el menú. Pero no importa, amablemente te ofrecen patatas fritas caseras con su famosa salsa. Encantador. Excepto que esta amabilidad se transforma sutilmente en una cuenta más alta: papas fritas más un cargo extra por la salsa que se sirve aparte. Como resultado, pagas más… por algo que, en otro lugar, sería un plato sencillo.
La misma lógica se aplica a las croquetas. En el menú, el plato se anuncia con ocho piezas. Queriendo probar las tres variedades, pido un surtido. Entonces me ofrecen un pulcro "3, 3, 3" para equilibrar los sabores. ¿Un gesto considerado? En ese momento, sí. Hasta que llega la cuenta: la novena croqueta, añadida por sugerencia del camarero, tiene un cargo extra. Una pequeña sorpresa que deja un regusto un tanto… desagradable.
Al final, Albariño deja una impresión extraña: comida realmente excelente, una bienvenida agradable, pero una mentalidad comercial que se asemeja a una sonrisa con calculadora incorporada. Te estamos haciendo un favor, sí… pero todo gesto tiene un precio, y a veces un poco más.
Un lugar donde se come muy bien, pero donde también se aprende, discretamente, que incluso la generosidad puede estar… en la siguiente línea de la cuenta.