Me vi de repente allí, sin tener que llegar ni nada, y fue una experiencia que sin duda repetiré. Los bocatas van muy llenos de cosas sabrosas, aunque el pan me costó un poco digerirlo porque igual soy celíaco, pero como nunca me hago las pruebas... igual es cosa mía. La cervecita muy fresquita y bien tirada. Y lo mejor de todo es que el ambiente es excepcional, y el camarero bajito y canijo siempre te da tabaco. Es para no irse muy lejos y poder volver mucho.