23/01/2026: Entrar en Bureo es aceptar que la noche se va a alargar más de lo previsto. No por descuido, sino por placer. Hay sitios que invitan a quedarse, y este es uno de ellos: desenfadado, honesto y con una cocina que sabe cuándo ser golosa y cuándo ser precisa.
Las croquetas, cremosas hasta el descaro, son de esas que se rompen con el tenedor y obligan a hacer silencio en la mesa. Puro confort bien ejecutado. Los nachos, lejos de la caricatura habitual, llegan cargados, equilibrados y pensados para compartir sin que pierdan dignidad en el último bocado. Y si uno acierta en venir en jueves canalla, la hamburguesa de trufa se convierte en protagonista absoluta: jugosa, aromática, con la trufa aportando carácter sin eclipsar la carne. Un ejemplo de cómo un ingrediente potente puede usarse con cabeza.
Pero si hay un plato que demuestra que aquí también saben jugar en otra liga, esa es la tartaleta de gamba: delicada, sabrosa, elegante. Un bocado que sorprende y confirma que la cocina de Bureo no se queda en lo evidente.
Y todo esto se disfruta aún más gracias a Anita, la de las trencitas. Cercana sin invadir, amable de forma natural, siempre con una sonrisa sincera y una profesionalidad que se nota en cada recomendación. No se limita a servir: guía, aconseja y acierta. De esas personas que elevan la experiencia sin necesidad de protagonismo.
Bureo no pretende ser solemne, y ahí está parte de su encanto. Es un restaurante donde se come muy bien, se está a gusto y se vuelve con la sensación de haber acertado. De los que se recomiendan sin pensarlo y a los que siempre apetece regresar.
23/01/2026: La comida muy bien , pero con prisas entre platos ,lo cual no dejaron terminar algunos platos, el servicio de camareros tiene que mejorar para el local que es ,el maitre perfecto