Una gran sororesa gastronómica. Servicio excelente y profesional, espacio muy bien logrado, y comida inmejorable. Todo el producto muy bien trabajado y cuídate
Mateu Espasa
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24 Marzo 2026
10,0
Fantástico restaurante en Santa Coloma de Gramanet.
Muy agradable sorpresa.
Amplio local y cómodo en zona accesible y con parquing cercano.
Disponen de distintos menús de degustación y temáticos que varían según la temporada.
Todo es original, elaborado y de calidad. Alta cocina.
Servicio atento y profesional.
Precio muy adecuado.
Todo fué perfecto, un acierto.
Miquel
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01 Marzo 2026
10,0
Fui para mi cumpleaños y genial. El servicio de 10, la comida muy buena y sorprendente. Ademas tuvieron el detalle de traerme un macaron con una vela para mi cumpleaños. Comimos el menú degustación y suficiente! Salimos muy contentos y seguro que volveremos!
juliette arthaud
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19 Febrero 2026
10,0
Experiencia gastronómica sobresaliente en Lluerna. Cocina técnica, honesta y profundamente equilibrada, donde cada plato tiene intención y discurso, pero sin artificios innecesarios.
El pase comenzó con un bocado ácido que va creciendo en boca, con textura fría y correcta y un marcado sabor a limón, muy estimulante. El té de setas fue uno de esos momentos memorables: intenso en aroma, con notas claras de tierra y hierba, pero ligero y elegante en boca. El acompañamiento de patata inflada con marisco y remolacha resulta sorprendente; aunque con el tiempo la remolacha gana protagonismo, el conjunto es muy interesante.
La anguila ahumada está magníficamente equilibrada: ahumado sutil, sin imponerse, armonizado con huevas y erizo. El aceite del Delta, elaborado con la variedad sevillenca, demuestra personalidad y carácter propio.
El fricandó con buñuelo y lámina de wagyu es un plato redondo. El buñuelo, con textura suave (recuerda al pan chino pero más fino y delicado), invita a mojar en la salsa vegetal. Cuando se combina con la carne —de sorprendente fondo herbáceo— el resultado es delicioso.
Los pèsols del Maresme están muy bien ejecutados, aunque quizá menos sorprendentes que otros pases. En cambio, los raviolis son fantásticos: pasta perfecta, relleno donde la dulzura inicial de la calabaza evoluciona hacia notas cítricas, con estragón y mantequilla, creando un recorrido en boca brillante.
El coulant de patata es, sin duda, el plato estrella. Sencillo en apariencia: patata, huevo y láminas de trufa. Pero al cortarlo y ver cómo se funde la yema en su interior se entiende todo. Equilibrado, profundo, delicado. Espectacular.
La lluerna con alcachofa es correcta y elegante, aunque aquí la textura del pescado es la verdadera protagonista. La liebre deshilachada, suavizada con mascarpone, demuestra que incluso un producto de caza puede presentarse delicado y amable. Hay que probarla.
En los postres, el pomelo con naranja y jengibre es refrescante, vibrante y muy bien balanceado entre dulce, amargo y ese leve picante característico del jengibre. El postre de avellana es extraordinario; quizá el chocolate resulte más intenso de lo necesario (opinión personal), pero el helado de mantequilla tostada y la crema de trufa son memorables.
Más allá de la técnica, es un restaurante que trabaja con productos de calidad, de cercanía y claramente de temporada. Aquí la comida es la auténtica protagonista. No busca grandes pretensiones ni artificios visuales: busca que el comensal disfrute del sabor, del producto y del equilibrio. Y lo consigue.
El trato es impecable. Mar y Víctor están atentos en todo momento, y se agradece que el chef, Víctor Quintillà, salga a interesarse personalmente por cada mesa.
Alta cocina con sensibilidad, producto y verdad. Totalmente recomendable.
L.A Álvarez
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14 Febrero 2026
10,0