Hay días que parecen escritos de antemano, como si alguien hubiera decidido que todo saliera mal para empujarte, sin que lo sepas, hacia el lugar correcto.
Nuestra idea inicial era ir a Pulpeira de Lola (la antigua de Melide), pero sin reserva y con una espera de aproximadamente una hora —y solo en terraza— decidimos cambiar de plan. Probamos suerte en Taberna da Pénala, pero tras echar un vistazo a la carta en la entrada, no terminó de convencernos. Siguiente intento: A Nova Lanchiña, pero según internet estaba cerrada. Eran ya las 14:35, con el cambio al horario de primavera-verano, y empezábamos a pensar que no encontraríamos nada que realmente nos apeteciera.
Entonces surgió la idea de As Lanchiñas. Otro intento. Otro error. Cerrado. Así fue como acabamos entrando en Cosecha 81. Y, como pasa a veces, los planes improvisados resultan ser los mejores.
Sin reserva, preguntamos si había mesa y nos acomodaron sin problema. El comedor estaba a medio llenar —o medio vacío, según se mire—, lo que nos dio buena espina desde el principio. Pero la verdadera sorpresa llegó con la carta: todo nos apetecía.
En un primer momento nos vinimos arriba y pedimos la focaccia negra de pulpo con velo de queso ahumado y el mini “hot dog” de churrasco como entrantes, además de bacalao y risotto con cigalas para compartir. Fue entonces cuando el camarero, con muy buen criterio, nos advirtió que era demasiada comida y nos ayudó a ajustar el pedido. Siguiendo su recomendación, decidimos prescindir de la focaccia.
El mini hot dog llegó primero. Era sencillo, pero no lo era. Estaba muy rico, de esos platos que no pretenden impresionar y acaban haciéndolo. Después, el bacalao y el risotto. Hubo un pequeño error —un trozo de papel de horno olvidado bajo el bacalao—, un detalle casi invisible que, sin embargo, recordaba que todo esto, al final, lo hacen personas.
El vino blanco fue otro acierto total, gracias al consejo del camarero, que supo guiarnos perfectamente hacia una opción afrutada que encajó muy bien con nosotros.
Un detalle que nos sorprendió muy gratamente fue que, en la zona de bar, por cada consumición servían una tapa de callos. En muchos sitios, cuando te sientas ya a comer en el restaurante, ese tipo de detalle desaparece. Sin embargo, en Cosecha 81 también nos la sirvieron estando en mesa y pidiendo para comer, algo que la verdad se agradece mucho y marca la diferencia.
Los postres estaban ricos, aunque sin sorprender especialmente.
En cuanto al servicio, fue bueno en líneas generales, aunque hubo algún detalle mejorable: el camarero joven estaba algo despistado o quizá más pendiente de una mesa cercana de cuatro personas. Además, el camarero que nos atendió y nos recomendó tanto la comida como el vino, en un momento dado se sentó a comer en otra mesa de unas ocho personas, lo que hizo que el ritmo del servicio se resintiera ligeramente.
En conjunto, la experiencia fue muy positiva. Cosecha 81 nos ha dejado la sensación de ser un sitio con potencial para convertirse en un habitual. De hecho, no tiene nada que envidiar a restaurantes como Lagar da Estrela o El de Alberto en A Coruña, donde conseguir mesa suele ser una misión complicada.
Salimos de allí con la extraña certeza de haber encontrado un lugar sin haberlo buscado. Como si el día, con todos sus desvíos, hubiera estado conduciéndonos exactamente hasta ese punto.
Volveremos. Porque a veces no se trata de elegir bien, sino de dejarse llevar… y acertar sin querer.
Felipe Lata Raposo
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02 Abril 2026
10,0
Platos bien elaborados, algo justos en cantidad pero buena calidad. Con algunos "peros" fáciles de mejorar; las carnes no es su fuerte porque no cuidan el punto, no preguntan al cliente cómo la quiere y las patatas fritas que acompañan estas carnes "nunca" deberían ser congeladas; pero por lo demás, un 10 en todo.
CARLOS ROMAN FERNANDEZ
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29 Noviembre 2025
8,0