23/03/2025: ¿Qué ocurre cuando un restaurante oferta en su página web y en su carta determinado tipo de menú, 35€ menú, conformado por cuatro platos y postre, y cuando se llega al restaurante se pregunta si nos pueden dar a conocer los platos que componen ese menú “ciego”, nos dicen que es sorpresa, y al rato nos avisan de que “hoy no lo vamos a servir porque estamos un poco liados”? ¿No debería haber desde el principio un diálogo más efectivo con el cliente?
¿Qué ocurre si un restaurante tiene múltiples camareras, pero se toma la nota a las 14, 28 y el primero de los cuatro entrantes llega a las 14,58 y 15 minutos más tarde el resto, siendo incapaz la casa de ofrecer un "algo" mientras llegan los pedidos para mitigar y hacer más amena la espera?
¿Debería una paella ser un arroz caldoso? ¿Un buñuelo de bacalao puede quedar sepultado por el juego de dos salsa que desvirtúan y esconden el sabor primario del frito?
Ezcencia es un local estupendo, lleva muchos años siéndolo. Pero hoy sábado 22 de marzo no ha sido ni sombra de lo que otras veces he podido disfrutar comiendo allí.
Faltos de ritmo, una atención poco delicada y arisca en algún momento. Y tremenda decepción con un arroz para nada seco, para nada sabroso y absolutamente olvidable. Poco enjundia en el caldo de carne, poco sabor en las supuestas costillas ibéricas, dando como resultado un arroz caldoso deslavazado a 21€ la ración.
Hay veces que es mejor reducir el número de comensales y ser efectivos que apurar el lleno total y dejar un sabor de boca poco grato al menos en alguna mesa.
Se nota que Eszencia quiere ir más allá. Su carta de vinos, que va tomando un cuerpo interesante, con propuestas bien elegidas pero que se desequilibra frente a vinos muy comerciales, quizá ha resultado lo más gratificante de la comida de hoy. Precios muy ajustados y buenas sorpresas que hacen que su lectura sea reconfortante. Aunque la manía de no tenerla en papel y poder leerla con la atención debida y la letra adecuada en favor del detestable QR que la pandemia trajo hacen que ese placer quede reducido.
Las copas de servicio son correctas, pero merecerían una mayor atención para poder disfrutar aún mucho más de los estupendos vinos que proponen, buscando la copa adecuada para los blancos y copas adecuadas para los tinto. Tanto el Valdesil sobre lías, como el Pujanza Valdepoleo 2018, cada uno a menos de 30€, han sido muy gratos y a una temperatura correcta .
^Pero ni las gyozas, con una nota salada en su interior, ni las croquetas de jamón, de sabor nada identificable, aunque con muy buena estructura cremosa, han sido todo lo placenteras que esperaba.
Así que la experiencia culinaria ha sido floja.
Puedo entender que hay días que no todo funciona como debería. Pero pagar casi 300€, seis personas, finalizando con una tabla de queso y dos helados, por comer sin disfrutar, se me antoja poco gratificante.
2 marineras, 1 ración de croquetas, 1 ración de gyozas y 1 ensalada de mango, donde la lechuga reinaba como la lluvia estas últimas semanas, y arroz para cinco, más los dos postres y la tabla de queso, componen una factura en la parte sólida, que ha sido deslucida.
El rato en la terraza, con unos cafés pagados a parte y el hermoso sol que hoy Marzo nos ha regalado ha sido un verdadero momento de disfrute.
Seguramente, no tengo dudas, hay más potencia culinaria en este cuidado espacio que presta mucha atención a sus vajillas. Aunque hoy, desde luego, no ha sido el día. Lo lamento.
25/01/2025: La comida estupenda, especial y una atención inmejorable. Para disfrutarlo.