Al buen trabajo de cocina le falta rematar con detalles y cuidado al comensal. Lo peor el arroz: cuidada elaboración que se arruina por el sabor metálico que proviene de su presentación en una plancha de hierro. Lamentable también el hecho de esperar a los camareros mientras ellos conversan o que te sirvan sin ton ni son. Una pena
El ambiente es tranquilo, fines de semana muy familiar con niños, a veces es complicado coger mesa en sábado, aunque con la aplicación puedes reservar y no hay problema, servicio rápido y profesional aunque falta personal y no dan mas de sí, es un poco caro, no hay menú que antes si estaba. El café y bebida muy caro.