22/03/2026: Una experiencia gastronómica para saborear la zona del Delta del Ebro y sus proximidades. Un menú que tiene como hilo conductor la tierra del Delta y cada etapa del viaje está perfectamente decorada con algún icono a gran tamaño de un lugar emblemático de las tierras del Ebro y con un plato principial más alguna tapita adicional para hacerlo más redondo. Estuvimos casi cuatro horas almorzando y se hizo corto. El personal todo de 10 en cuanto a conocimiento de los platos y amabilidad. ¡También fantástica la visita del chef a la mesa, Fran López, toda una estrella pero que habla con toda la sencillez del mundo a los comensales!
Hay algunos platos de traca y pañuelo a lo largo de probablemente más de veinte platos o miniplatos durante el menú degustación. El postre recordando el incendio que sufrió Pauls divertidas y frescas, la falsa navaja con base de alga nori espectacular, el aceite propio una delicia, el chapadillo de anguila muy sabroso, los macarones de limón con un toque ácido y dulce muy bien encontrado, la gamba roja- albahaca era tan buena que nos habríamos comido cinco!
El plato de lubina salvaje con los guisantes del Maresme muy fino y el muelle en dos cocciones se deshacía en la boca deliciosamente. Como pequeña nota de lo que no nos hizo el peso, decir que no le encontramos en el canelón de chocolate ningún atractivo especial ni en estética ni en gusto de la bechamel de Amaretto ni del sabayon de canela y realmente creemos que hay que darle una vuelta pues parecerían el postre principal y todas las demás eran mucho mejores -incluso el menú no era mucho mejor- incluso echarían en falta-. La espuma de chocolate con toffee de fruta de la pasión fue para nosotros mucho mejor.
16/03/2026: Siempre impone acudir a un restaurante con estrella Michelin. Por qué? Pues, como comensal, no estar a la altura de unas viandas tan elaboradas, sin apreciar los ingredientes de primerísima calidad utilizados. Por parte de la cocina del local, no elevar la cocción de las "estrellas" a un nivel incomprensible de digerir. Nada más lejos de la realidad. De las opciones en la carta, el menú escogido fue el clásico. Opción más asequible a nuestros bolsillos, sin renunciar a unos bocados sabrosísimos. Tanto los aperitivos de bienvenida, como el resto de platos, delicadamente presentados, sin perdida de esencia, y sabor íntegro. Steak tartar de ternera, canelón, corvina y un arroz bomba de chipirones, con toques de mahonesa de kimchi que daba un toque de fusión de aquí y de allá. Sin olvidar sendos platos de postre. El servicio en sala es delicado, exquisito, refinado y atento. La mesa está situada en una estancia muy curiosa. Las raíces de un ficus centenario tapona en su totalidad una ventana del local. Se adentran hasta el interior de la misma, dando un grado de humedad natural a los extensos estantes repletos de botellas de vino. La villa, el paraje y el jardín son una auténtica maravilla. Deleite y satisfacción perfecta!.