16/03/2026: Precio correctísimo, 40 € comensal.
La prudencia es un atributo que suelen practicar los humildes y que, con frecuencia, ofrece resultados inteligentes. En Chez Marcel, restaurante que lleva más de treinta años en tierras murcianas y que ha pasado por dos ubicaciones distintas, saben bien que los alardes suelen desbordarse; por ello practican la contención. Ofrecen platos tradicionales de la gran cocina gala, pero no recetas de complejidad excesiva ni artificios tomados de recetarios sofisticados, sino preparaciones que pueden manejar con honestidad y con un resultado magnífico.
En una hermosa casa de madera prefabricada, situada en plena huerta y con pocas mesas, Chez Marcel juega a lo seguro. Porque ofrecer buenos patés, estupendas quiches lorraine o alguna de sus variantes, caracoles a la bourguignonne, un gratinado marino o diversas carnes donde el pato ocupa un papel estelar es reconocer que no se pretende proponer una mesa de lujo deslumbrante, sino la franqueza de una mesa popular. Una mesa repetida mil veces, sí, pero que siempre resulta placentera cuando se vuelve a probar.
Varias cosas llaman la atención en el trabajo que se realiza en Chez Marcel. La primera es la corrección y mesura de los precios que proponen para sus platos y bebidas. La segunda es la capacidad de manejar, con poco personal y sin que se note, un comedor que suele llenarse, sobre todo en días festivos, sin que por ello se descuide ningún detalle. La atención en sala es cuidadosa y gentil, mientras que la cocina mantiene una regularidad que rara vez defrauda.
Tuvimos la fortuna de llegar a primera hora este domingo. El restaurante abre sus puertas a las dos de la tarde en punto, lo que nos permitió charlar con quien hoy ejerce como cabeza visible de la sala y comprobar que la gentileza que allí se percibe no es un simple artificio.
Mientras se revisa la carta llega una copa de cassis con espumoso como bienvenida, un gesto sencillo que invita a recorrer con calma las posibilidades del menú.
A la mesa llegan primero dos patés caseros, con un único inconveniente: están demasiado fríos. Se agradecería que se sirvieran ligeramente atemperados. Su sabor, sin embargo, es indudable. El de pato y foie resulta delicado, mientras que el de carne de ciervo posee un carácter más marcado. Son patés que se comen en pequeños trozos, no de los que se extienden fácilmente, pero revelan una mano experta que domina bien el punto de elaboración.
Poco después aparecen dos porciones de quiche, delicadas y jugosas, que transmiten ese amor tan característico de la cocina francesa por la nata como conductora de los sabores. Una responde a la tradición clásica de bacon y queso; la otra combina queso azul con nueces. Ambas resultan francamente deliciosas.
Los caracoles a la bourguignonne cumplen con solvencia. Aunque el tamaño de los gastrópodos no sea descomunal, el conjunto de mantequilla, ajo y perejil resulta seductor y anima inevitablemente a mojar pan en el jugo que queda en el plato.
El gratinado marino de merluza y gambas, envuelto en una generosa bechamel que se dora bajo el calor del horno y el queso fundido, resulta igualmente convincente. Aquí no se busca un pescado de cocción milimétrica, sino un conjunto sabroso y reconfortante, bien ligado por una de las grandes salsas clásicas.
Para terminar llegan dos platos principales: ciervo en vino tinto y pavo relleno con castañas. La jugosidad de la carne de caza convierte el primero en un plato plenamente estacional y muy placentero, mientras que el delicado relleno del pavo aporta un equilibrio fino y sabroso.
Sorprende la ausencia de una pequeña tabla de quesos, algo hoy sencillo de mantener gracias a técnicas de conservación como el envasado al vacío. El recorrido concluye con dos postres correctos —tarta de chocolate, avellanas y dátiles, y una tarta de queso— quizá las propuestas menos emocionantes del menú.
La honestidad que respira la casa y la amabilidad de su personal hacen de Chez Marcel un lugar muy recomendable. Conviene reservar, ya que el número de mesas es reducido.
14/03/2026: Servicio amable, eficiente y de alta calidad a buenos precios, con platos deliciosos y una gran variedad de vinos, en un ambiente tranquilo y agradable entre los huertos de Murcia. Muy recomendable.
Servicio amable, eficiente y de alta calidad a buenos precios, con platos deliciosos y una gran variedad de vinos, en un ambiente tranquilo y agradable entre los huertos de Murcia. Muy recomendable.