Los mejores restaurantes de otras cocinas en Onil

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7,2
987
Opiniones

Restaurante Samalet


Onil
14/10/2025: Buen sitio buena comida y buen servicio a pesar de estar en fiestas todo fue puntual y de buena calidad y a un precio razonable
11/10/2025: Probablemente no tenían carne, así que me trajeron huesos fritos y deshuesados, probablemente comida reciclada de clientes anteriores, es imperdonable. El servicio fue bueno, pero por 20 euros por huesos deshuesados, no vale la pena. Quizás pensaron que no los reconocería.

6,7
408
Opiniones

Tizzio


Onil
21/11/2025: Fui con mi marido Julián un 28 de abril de 2004, con la esperanza de disfrutar de la fiesta de las Fallas, pero la decepción no pudo ser mayor. Lamentablemente, en lugar de contemplar las bellas fallas, nos topamos con una festividad de lo más arcaíca, donde los lugareños desfilaban con estrafalarios disfraces acompañados de músicos de dudoso talento. Pero eso no fue lo peor, no. Solo fue un presagio de los desquiciantes devenimientos que nos esperarían, a mi querido esposo Julián y una servidora, en esa siniestra cafetería. Accedimos al establecimiento de manera apresurada porque mi Juli necesitaba, con urgencia, realizar su deposición vespertina. El lugar exibia una decoración simple, con sillas y mesas colocadas de forma caótica. Destacaba un suelo repleto de algo parecido a serrín o paja, como si de un establo se tratase. Todo estaba absolutamente abarrotado de lugareños ruidosos evueltos de una atmosfera de humo y extraños olores. Desde los altavoces, sonaba una música ensordecedora de pasodobles y otras piezas similares, de esas que tanto agradan en las fiestas cutres. Como si el alboroto en la calle no fuera ya lo suficientemente molesto. Mientras mi Julián se dirigía a aliviar su vientre, yo, desde la barra, intentaba inútilmente que alguno de esos desconsiderados miembros del servicio se dignara a reparar en mi presencia, levantando de formar enérgica mi dedo. Pero nada. Lo único que hacían era moverse de aquí para allá, portando toda clase de refrigerios poco saludables, incluso algunos con alcohol. Es mas, hasta me pareció ver cómo le ofrecían una bebida azucarada a un niño. ¡A un niño que no debía de tener más de 9 o 10 años! Cuando mi paciencia ante la descarada indiferencia del personal se agotó, aproveché un instante en el que un joven camarero se acercaba a la barra para, de manera rauda, tomarlo por la manga. Lo agarre con firmeza y le exigí de forma vehemente que hiciese el favor a atenderme. El muchacho, visiblemente irritado, comenzó a tomarme nota. Por fin. Como no quería permanecer más tiempo del extrictamente necesario en aquel antro repleto de alborotadores, me limité a pedir un sencillo poleo-menta, con dos sobres de sacarina y el agua ligeramente tibia; a una temperatura entre 18 y 26 grados centígrados. Mientras dictaba mi encargo, noté cómo el mozo me lanzaba miradas furtivas acompañadas de microgestos de desaprobación. Yo lo capté porque a mí no se me escapa una. Cuando terminó de escribir la encomienda (Con una caligrafía que dañaba la vista, por cierto) se dirigió al centro de la barra a manipular una vieja cafetera que hacía un ruido espantoso, como si fuera a estallar en cualquier momento. Mientras tanto, mi Julián salió del baño completamente enervado. ¡Habían cerrado con llave la puerta donde se encontraba el retrete y se habían limitado a pegar un ridículo cartón donde se podía leer "Averiado"! ¡Indignante! Después de lo que pareció una eternidad, el camarero se acercó con mi poleo-menta, con sus dos sobres de sacarina y el agua ligeramente tibia; a una temperatura de entre 18 y 26 grados centígrados. Lo degusté rápidamente. Mientras tanto mi Juli, con toda la razón del mundo, despotricaba contra el irrespetuoso personal, que seguía atendiendo al motón de garrulos que hablaban a gritos entre ellos. Pedí la cuenta a otro camarero bastante mas mayor que el anterior, en cual, no dejaba de silbar una irritante melodía mientras fingía estar muy ocupado. Me dijo que le debía 1,10 euros. Me parece absolutamente indignante que, allá por el 2004, en un pueblucho de mal pairo y en una madriguera hortera, repleta de paletos, tuercebotas y otro tipo calaña similar, se atrevan a cobrarme un precio tan elevado por una infusión mediocre. Pagué el importe y nos marchamos de forma altanera, pero digna, ante la mirada incrédula de aquellos gañanes. En fin, no les doy una puntuación más baja porque ya les di su merecido cuando, justo antes de salir por la puerta, cogí furtivamente un feo cenicero que había en una mesa junto a la salida, y me lo oculté en el escote. ¡Ja! Juli y yo 1, Tizzio 0.

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