Hace unos días tuve la maravillosa experiencia de volver a “El Bode” cuando cursaba mis estudios de diseño de moda, Mikel regentaba el local. Siempre me animaba y me decía que no mucha gente iba como cliente a “trabajar” y que eso le gustaba. Recuerdo que siempre tomaba txakoli y un pintxo de berenjena con queso azul y jamón que estaba de muerte. Volví 10 años después y lo encontré renovado, más luminoso, mas acogedor si cabe decir. Y aunque Mikel ya no está, la esencia sigue intacta, comida de 10, servicio de 10 y una calidad en el producto, insuperable. Me tome mi txakoli y vi que había carta y menú, me quede a comer y tuve una de las mejores experiencias en un restaurante del centro de Vitoria. Lo súper recomiendo.