Encontramos este restaurante de casualidad y ha sido un auténtico descubrimiento. Regentado por unos alemanes que llevan 17 años en España. Es habitual ver a alemanes en sus mesas. Fuimos a tomar algo, nos pedimos un capuchino y una cerveza alemana. Lo prepararon con mimo y detalles como un gofre acompañando el café. Da gusto ir a sitios así y el servicio es increíble. Volveremos sin duda y no descartamos hacerlo antes de irnos a Madrid.