Hemos comido en este restaurante de Hellín, situado en una zona amplia y que dispone de patio.
La decoración, un tanto recargada y con muchos detalles dorados.
Había carta y menú del día y nos decantamos por éste. Raciones correctas, sabores sin más y la atención, bien, aunque hubo que pedir la cuenta varias veces.....
No nos gustó el postre ( tiramisú ) , excesivamente dulce, ni la música ambiental -Julio Iglesias :-( - pero nos pareció bien la acústica del local, que permitía hablar y escucharse, el vino de la casa ( un Ribera joven, muy rico ) y el precio del menú, bastante ajustado.