La comida es deliciosa pero la atención del dueño no nos gusto , le falta mas carisma y dulzura para sus clientes , nos ubicaron en una mesa donde le bloqueaba la salida y eso no es culpa nuestra , nos hizo mover pero aunque el cree que fue de forma respetuosa para nosotros fue como una orden tosca de movernos ,te obligan a pedir todos los platos al mismo tiempo cuando realmente queremos disfrutar nuestra botella de vino y pedir con calma para deleitarnos con cada sabor , no le gusto que nosotros fuéramos 3 personas y pidiéramos solo 2 platos fuertes con una botella de vino y le explicamos que mi esposo es operado del estómago lo cual le impide pedir un plato para el , tendrá que acomodarse a las situaciones de salud y no al interés de facturar .
socks velez ramirez
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01 Enero 2026
6,0
Un local bonito, con una planta nada fácil de aprovechar, salvo en la entrada, debido a su irregularidad, pero resuelta con gusto su ambientación, con algún rincón - que no lo es en sí - coqueto, como la mesa situada bajo un segmento de arco semicircular en mitad del establecimiento.
Apenas me había sentado ya me estaban preguntando que quería beber, sin darme tiempo a leer la carta ; ya antes me habían telefoneado, pasados tres minutos de las 20:00 h., para preguntarme por mi reserva. Con suavidad invité a comprobarla, recordándele a la interesada que era para las 20:30, como así era y confirmó.
Me asignaron una de las mesas altas pegadas a la pared, no muy cómoda a pesar de mi estatura, pero lógica teniendo en cuenta lo antes comentado, la especial "morfología" del local. Bien, sin problemas. Me gustó el entorno, decorado con gusto, bien elegidos el color de fondo, los detalles y la luz obtenida.
Pedí un vino Bianco de Ciccio de la Cantina Zaccagnini, acogido a la DOC Trebbiano d'Abruzzo, uva mezclada con Chardonnay, refrescante en boca, con notas de manzana, muy ligero, notándose que no ha pasado por barril alguno, de ahí su falta de cuerpo, no extrañando su precio en origen. La carta de vinos es corta, echando en falta un Prosecco y por consiguiente un Spritz como aperitivo, algo impropio de un restaurante italiano, pero no tanto si su origen, como es el caso de este restaurante, se enmarca en Sicilia, en donde no es <típico>.
Tomé una Focaccia clásica, con sal, aceite y orégano, de un tamaño generoso para dos personas, muy en su crujiente punto. La disfruté en su sencillez, pues era lo perseguido.
Como plato fuerte pedí unos Spaghetti con langostinos ( 2 piezas ) y almejas, que en principio se ofrecen picantes, a lo que renuncié, resultando sin ello muy sabrosos.
La pasta, lo apunto como observación, no estaba <al frente>, sino un poco más cocida, como, al menos antes, lo preferían mis compatriotas amantes de lo que ellos entendían por <cocina italiana>, pero, personalmente, prefiero la fidelidad al origen.
La salsa, muy conseguida, ligaba perfectamente y el emplatado hacía que lo demandado <entrase por los ojos>.
Había otros platos en la carta en principio apetitosos, lo que no dudo, por esta experiencia personal, aunque yo, sin un Prosecco en mesa...Un Nero d'Avola sería la oferta clásica, pero, para la noche, opto por una refrescante burbuja. Cuestión de gustos, sin duda, pero cada uno tiene sus filtros.
José Manuel Mosquera
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10 Noviembre 2025
8,0