La atención fue buena, muy mable pero el servicio fue bastante lento ya que no había mucha gente y tardaron en servirnos.
Pedimos unos montaditos y el de lomo al whisky estaba espectacular. Me encantó y, aunque sea sólo por eso, merece la pena la visita.
Tienen mucha variedad de gildas.
Nos apetecía tomar algo con un picoteo breve e hicimos parada aquí.
Local tipo abacería, que cuenta con un espacio interior no muy amplio estilo minimalista, con mesas altas y una amplia barra. También tiene una pequeña, pero agradable terraza con alguna mesa alta.
Su carta basada en tapas frías, montaditos, quesos e ibéricos peincipalmente. Cuenta con cuatro guisos contados.
Nosotros pedimos para acompañar el vino una tapa de queso trufado y otra de queso de mango y naranja, ambos muy buenos, aunque me quedo con el trufado sin duda. Y para finalizar un montadito juan breva, que lleva guacamole sardinas y queso trufado, muy buena combinación, nos gustó mucho.
Relación calidad precio correcta.