Siempre que estamos de vacaciones hacemos parada obligatoria en esta heladería. Sus helados son increíbles, especialmente el artesano de turrón supremo, que es delicioso: cada cucharada sorprende con pedacitos de turrón blando que lo hacen único. Además, el trato es excelente; Juan, el dueño, es una persona maravillosa que siempre recibe con una sonrisa. Sin duda, un lugar que transmite cariño en cada detalle.