Los dueños son personas muy alegres y amables, y se puede tener una conversación muy interesante. Son colombianos, así que la comida también es de allí. El lugar no está abarrotado; puedes sentarte a la sombra afuera por la mañana. Mantienen el edificio antiguo lo más limpio posible, y se puede decir que no lo hacen por dinero, ya que los precios son muy bajos en comparación con la comida artesanal de alta calidad que ofrecen. La próxima vez que vayas a una taberna, deberías ir a comprobarlo; sin duda lo haré. 😁 Muchas gracias por el buen rato y la comida.