Con reserva previa, hemos asistido a Chola Gastro en Xàbia, donde hemos sido atendidos extraordinariamente y aconsejados muy bien - por su personal -en la elección de los platos.
La fusión de sabores es magnífica - el propósito de este restaurante -, y la calidad del producto es mucho más que correcta.
Los platos van cayendo en la mesa con un tempo medido, sin prisas ni tampoco con largas pausas.
Muy recomendable para todo aquél que busque cocina fusión en ambiente relajado.
Teniendo en cuenta lo que se come, la relación calidad-precio es buena ✅.
Un rincón exquisito en Xàbia/Jávea.
Juan Bautista Mora
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05 Abril 2026
10,0
¡Una montaña rusa de sabores y drama!
El sol se ponía en el horizonte, bañando con un cálido resplandor las calles empedradas del casco antiguo de Jávea. Nuestro grupo de cuatro esperaba con ansias nuestra cena en Chola Gastro. El ambiente era vibrante, como el preludio de un gran espectáculo.
Chola Gastro ofrece una deliciosa fusión de cocina peruana y latinoamericana con un toque mediterráneo… La fachada del restaurante nos atraía con su encanto rústico. Guirnaldas de luces se entrecruzaban sobre la entrada, prometiendo una velada mágica. Al entrar, el aire vibraba con risas y el tintineo de las copas. La decoración era una encantadora mezcla de carteles vintage, máscaras en la pared y diversas plantas en macetas. Nos acomodamos en nuestra mesa, escaneamos el código QR del menú, listos para la aventura gastronómica.
La camarera arrogante
Entró la camarera (una de las dueñas), que se deslizó hacia nosotros con el delantal bien ajustado, observando nuestra mesa con atención. Su gafete decía "Lola", pero pronto descubriríamos que debería haber dicho "Reina del Drama". Tenía el aire de alguien que había inventado el arte de poner los ojos en blanco. Mientras recitaba las especialidades, su desdén por mi español incomprensible era apenas disimulado. Pero no le di importancia; al fin y al cabo, la comida era la protagonista.
Los entrantes
Imaginen delicadas lonchas de atún fresco, rociadas con cítricos y adornadas con microvegetales. Los sabores giran en la lengua, una danza de océano y cítricos. Cerramos los ojos, saboreando cada bocado, y nos preguntamos si el mar mismo se había unido al festín.
Causa peruana: Un vibrante mosaico de puré de patatas amarillas, con capas de aguacate cremoso, lima y un toque de ají amarillo. Es como si Picasso se hubiera encontrado con una abuela peruana en la cocina. Los colores son vibrantes, ¿y el sabor? Una explosión de alegría.
Los entrantes preparan el escenario para una experiencia inolvidable.
Los platos principales
Se alzó el telón para nuestros platos principales. Lola, con gran pompa, presentó dos platos: una costilla de res y un plato de croquetas que lucían, estaban cocinadas y sabían a la perfección. Varios minutos después, llegaron los platos de pollo. El aroma prometía perfección. ¡Pero, ay! El pollo estaba más crudo que un comediante novato. Nuestros tenedores quedaron suspendidos en el aire, incrédulos. Los angloparlantes intercambiamos miradas de asombro, mientras que el dúo hispanohablante susurraba a toda velocidad. Teníamos que tomar una decisión: comer el pollo y arriesgarnos a la salmonela o plantar cara.
El enfrentamiento
¡Por alguna extraña razón, me eligieron para dar la voz de alarma! «Disculpen», dije, con mi bravuconería en spanglish intacta. «Este pollo está casi cacareando. No podemos comer esto, y para ser honesto, no tenemos tiempo para esperar a que se preparen otros dos platos, ya que tuvimos que salir corriendo para la Fiesta de San Juan». En ese momento, la situación se tornó bastante incómoda, probablemente porque mi chapucero acento spanglish no había dado la talla. Todos estuvimos de acuerdo (entre los de nuestro grupo) y nos ofrecimos a pagar la cuenta (menos las dos gallinas cacareantes) junto con una propina de 25 €, que, en general, nos pareció justa. ¡O no!, como descubrimos después. A Lola se le dilataron las fosas nasales y llamó al chef. ¡Y entonces sucedió! Las puertas de la cocina se abrieron de golpe y salió furiosa la chef (resultó ser la hermana y socia de Lola). Era la hermana de Lola, sí, ¡pero con más carácter! Sus ojos brillaban, sus palabras hirieron el aire. En español a toda velocidad, gritó unas cuantas palabras (que nunca entendí) y, para asegurarse de que "entendiéramos el mensaje", nos mandó a la mierda en un inglés perfecto, no una, ni dos, sino tres veces. Los comensales de al lado se quedaron boquiabiertos, con los tenedores suspendidos a medio comer.
¡Ahora teníamos prohibida la entrada a Chola Gastro!
El gran final: ¡Escapada al festival!
Bueno, a estas alturas, nuestra dignidad pendía de un hilo, pero aún estaba intacta (por los pelos). Al adentrarnos en la noche, nos dimos cuenta de que Chola Gastro no era solo un restaurante, era un teatro de sabores y rivalidades. ¿Nuestra siguiente parada? El festival de San Juan, donde saltaríamos a través del fuego, dejando tras de sí el sabor a pollo poco hecho y el eco de palabrotas.
Veredicto: 🌟🌟 🌟 (por el drama), 🔥🔥🔥🔥 (por el fuego)
Chola Gastro, has dejado una huella imborrable en nuestro paladar y en nuestras almas. ¡Bravo! 👏👏
Gary W
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21 Marzo 2026
6,0
Anoche cené en Chola, invitada por mi marido por San Valentín. ¡Qué experiencia tan terrible! Todos los platos llevaban muchísima cebolla morada, aunque los habíamos pedido sin ella. Los sabores no se percibían bien. Los platos salieron rapidísimo, uno tras otro, y tuvimos que pedir más tiempo entre ellos. La música estaba demasiado alta. El ambiente se había desvanecido. Y la cuenta fue una auténtica decepción, demasiado cara para lo que nos dieron.
No dudamos de la habilidad culinaria del chef, pero no creo que volvamos pronto.
Catharina Vande Casteele
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15 Febrero 2026
6,0