Bar de los de toda la vida, llevo yendo desde que era pequeño. Vivía justo enfrente y mis padres nos solían llevar allí a cenar. Ahora que soy adulto, voy con mi mujer y mi hijo. El trato es excelente, la comida riquísima y el precio muy asequible. Se está súper fresquito, hay espacio para que jueguen los niños, no pasan apenas coches...en fin, para mí es un diez. Mil gracias siempre a Miguel, Manoli, Esperanza y María!