Fuimos al bar con intención de tomar unos combinados después de hacer una cómoda por nuestra cuenta y tuvimos la mala suerte que al llegar y empezar a pedir, el camarero nos dijera que no le quedaba ni vodka ni ginebra, un sábado a las 19:30. Nos quedamos un poco alucinados porque, además, el camarero nos dijo que otra persona que allí trabajaba (supongo que el dueño por ser familiar) se lo había llevado todo la semana anterior. Aunque nos pasara esto, decidimos quedarnos y el camarero nos sacó los pintxos de tortilla que sobraban.