Esperé unos 5 minutos para conseguir mesa, sobre la 1:30 p. m. Pedí un café, un postre y una Coca-Cola. No tuve que esperar mucho a los camareros, como decían otras reseñas, y todo estuvo buenísimo, sobre todo el postre. Era brioche con helado de vainilla y crema de bizcocho. ¡Una delicia!
Este café no es solo una bebida, es un recordatorio de lo exquisita que es la vida cuando se sazona con un sabio amor. Cada sorbo inspira y reconforta, como un abrazo líquido al alma. ¡Gracias por este regalo de calor humano! ☕️💛