19/03/2026: Un viaje al pasado… con sorpresa incluida
Nada más entrar, un cartel deja claro que este bar está abierto desde 1954. Y lo sientes. El lugar parece haberse quedado detenido en el tiempo, como esos bares de esquina que formaban parte de la infancia, auténticos, sin maquillaje.
Mis expectativas eran, siendo honestos, bastante bajas.
Pero aquí vino el giro.
Al comentar que era vegetariano, la camarera no solo lo entendió al instante, sino que se implicó. Me preguntó qué me apetecía, qué ingredientes me gustaban… y desapareció con la comanda.
Lo que volvió fue una pulguita improvisada, fuera de carta, que perfectamente podría competir con la de cualquier sitio especializado en desayunos. Sabor, equilibrio y mimo en algo que ni siquiera estaba en menú.
También pedimos unas papas locas con salsas. Y aquí no hay trampa: eran exactamente lo que recordaba de mi infancia. Papas congeladas con salsas, sin más. Y precisamente por eso, tenían ese punto auténtico que ya casi no se encuentra.
Mi compañera, además, pidió una hamburguesa de las de antes. Nada gourmet, nada sofisticado. Justo lo que buscaba: una hamburguesa de toda la vida, de las que cumplen sin complicarse… y que a veces apetecen más que cualquier invento moderno.
Los precios, además, están donde tienen que estar: acordes al producto, sin postureo ni sobrecostes innecesarios.
En definitiva: un sitio sin pretensiones, con alma de bar de toda la vida, pero con un servicio y una actitud que pueden sorprender incluso a los más exigentes.
De esos lugares que no esperas… y que te ganas para siempre.
18/01/2026: Precios muy elevados, las pulguitas de pollo muy buenas.