La verdad que un 10/10 este lugar. Fueron muy agradables con nosotros a pesar de estar lleno de gente pidiendo sin cesar. Servicio muy rápido. La comida riquísima, parecen porciones pequeñas pero para nada te quedas con hambre. Para cenas creo recordar que tuvimos que reservar. La decoración es tremenda. Recomendadísimo.
Mar Garcia
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14 Agosto 2025
10,0
La Karpintería, el “Martín Quiroga” leonés.
En esta ciudad en la que preferimos despedidas de soltero a voces a cuidar de los que algún día llenamos esos mismos bares cada fin de semana, haciéndonos amigos entre cortos y risas; nos atrevemos a subir el vino un 40% porque tenemos un equipo en segunda, y a lo que eso nos lleva es a ser una “ciudad de segunda”; a “bares Cayetano” que te cobran 3,80 por un verdejo de espaldas a la Catedral, y de espaldas a la mínima coherencia, afortunadamente aún quedan negocios que tienen gente chula haciendo genial las cosas.
Unos nos miman con sabores de casa, cocina de mamá, guisos de la abuela… otros llegan a lo más alto sin quererlo, y otros evitan querer llegar a donde van a llegar. Son magníficos cocineros, sumilleres y, lo mejor, excelentes personas. Mariajose y Fito, Juanjo y Yolanda (Pablo), Diego y Sandra. Gente auténtica que hacen que León sepa aún al León que yo recuerdo. Al que molaba. No al de comida precocinada de los locales de moda “con vistas a….”, en los que los platos -de pizarra, siempre la puta pizarra- salen de cocina a los tres minutos de tomar la comanda, maquillados por absurdas reducciones, espumas insípidas… que osan con llenar el espacio de la carta con seis tipos de cachopos -sanjacobos de toda la vida- kilométricos e infames para compartir, o con carnes maduradas hasta lo pútrido a 180 euros/kg, ceviches de mero sin mero… sentido. En definitiva, despropósitos absolutos para hacer dinero y hacerlo rápido.
Pues entre ellos, Diego y Sandra. Dos chavales que me recuerdan al Juanjo y Yolanda de Michaisa, deliciosamente inexpertos, con una ilusión desmedida por aprender y regalarte lo aprendido, y con una caja de éxito por abrir en un rincón del almacén, de la que aún no tienen conocimiento que tienen, pero que está ahí.
Y como yo pronostiqué que sus alter egos se iban a llevar la Estrella, vuelvo a mojarme y a decir que algún día los karpinteros cambiarán su Solete Repsol por una pila de neumáticos blancos. Si quieren, y si no, será porque han decidido hacer otra cosa y disfrutar de la vida, que tampoco es un mal plan.
Seguid así, chicos, porque queráis o no, llegaréis. Y el que lo dude, que reserve una de esas tres mesas alta.
Gracias.
Ps: si alguno ha ido a picar en barra un carpaccio de gamba, unos chipirones con pesto, los gambones thai con arroz, o la grandiosa palometa escabechada del MQ; y a probar las croquetas, las gambas Resty, o el steak tartar de La Karpintería, y luego disfruta de una charla de unos minutos con los hermanos Martín Quiroga o con Sandra y Diego, sabrá porque tituló así la crítica. La pasión y el disfrute por la cocina y por el vino, pero siempre sin dejar de ser felices, sin sacrificar la vida. ¿Hay mejor plan?
Alberto Perez
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13 Julio 2025
10,0
Curioso gastrobar. Es pequeño, pero acogedor, la decoración interior está sin reforma, de ahí su gracia. La tapa es reducida, queso, lacón, empanada o pizza, pero tiene una carta amplia de raciones con buena pinta. Variedad de vinos.
Marco Antonio Anton
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10 Julio 2025
8,0