06/02/2026: Empezamos la noche en el Bar Marcos llenos de ilusión, con la promesa de una carta extensa. ¿La realidad? La cocina había decidido claramente que las patatas fritas serían la estrella culinaria de la noche. No es que nos quejáramos... bueno, un poco.
La terraza era acogedora, aunque un español fumaba con el móvil en modo "festival", lo que creaba un ambiente especial. Tras una breve espera, llegó nuestra comida: patatas fritas medio crudas con mayonesa, un toque indeseado de kétchup, jamón y queso rallados, como si alguien pensara: "¿Quizás esto ayude?". Llegó una baguette seca, probablemente para restablecer el equilibrio.
La señora fue amable y encendió una luz LED brillante para que pudiéramos admirar nuestra obra maestra culinaria en todo su esplendor. Tras unos bocados corteses, decidimos continuar nuestra aventura culinaria en otro lugar. Incluso los pájaros en la jaula parecieron apreciar la baguette... las patatas fritas fueron completamente ignoradas.
Mucha buena voluntad, poca suerte en la cocina. Quizás sea un incidente, quizás un mal día, pero sigue siendo una experiencia que puedes contar con una sonrisa y una buena dosis de ironía.
25/01/2026: Llegamos aquí un domingo por la tarde después de un largo y caluroso viaje. ¡Una grata sorpresa! En una pequeña sala interior que resultó ser medio al aire libre, sentimos una brisa fresca y el sonido de una pequeña cascada. Menú pequeño y limitado. Deliciosa Jara de barril. Comimos croquetas, bisteca y papas fritas con moyo, mayonesa y pan, ¡súper deliciosas! Servicio amable, agradable y sencillo. Nos sorprendió mucho que la cuenta apenas mostrara 21,50 euros. ¡Gracias! Una pequeña observación: es una pena que tuviéramos que recoger una llave para ir al baño; esto tampoco estaba indicado.