Un sándwich exquisito, lo mismo podrías comertelo que calzar una mesa con el. Es el sándwich ladrillo más bueno que existe.
El camarero muy simpático me sugería que me lo comiera todo.
Las cucarachas del baño eran muy amables, una de ellas me sirvió el papel higiénico.
Trato impecable, el oriental me siguió al lavabo para asegurar que todo estaba bien.
Me sirvió aceite con patatas, me encantaron.
Son las patatas más buenas que me he bebido nunca.