Un bar único que parece de antaño. Recóndito, su encanto reside en su sencillez. Es un clásico bar de barrio, con platos típicos. Los clientes, que llevan años viniendo, se sientan en las mesas de los demás y charlan a diario como si no se hubieran visto en siglos. El servicio se sirve con chistes locales y acento local, con su mezcla perfecta de malafollá granadino. Un inconveniente es que no se puede pagar con tarjeta, así que lleva efectivo, disfruta de la auténtica experiencia local y empápate de ella. Tranquilo y vibrante a la vez, es Granada en su máxima expresión.