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La Candela Restó en Madrid

Calle Amnistia, 10 Madrid
10

Basado en 2.607 opiniones encontradas en 11 webs


10.0
10.0
9.4
10.0

tendencia

1
De 10.424
en Madrid
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De 104
de cocina Fusión en Madrid

Los clientes comentan sus platos de...

huevo yema arroz helado rabo curry queso caldo panceta sopa patata crema toro sorbete pepino

Puntuación y opiniones

La Candela Restò es uno de los restaurantes de Alta Cocina de Autor más innovadores de Madrid. Me encanta comprobar cada vez que voy como sigue evolucionando su cocina y esa creatividad tan explosiva evoluciona de maravilla. Ha mejorado mucho la calidad y profesionalidad del equipo de sala y los emplatados son epatantes. Si te gusta que te sorprendan en el plato con sabores que nunca antes habías experimentado, este es tu lugar.
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en Restaurantes.com
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07 Julio 2017
9,8
Extraordinario restaurante creativo. De las mejores relaciones calidad precio en Madrid. Ambiente alegre con aire turístico y de parejas románticas. Mi favorito para recomendar si me pregunta un amigo. Menú de 14 pasos por 78€. Admite maridaje individual. Servicio joven muy preparado y amable. Parking publico cercano en calle Bailen.
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en El Tenedor
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10 Agosto 2017
9,5
Uno de los mejores menú degustación creativos en Madrid. Restaurante infravalorado. Permite maridaje individual. Servicio excelente. Próximo al centro. Parking cercano en Bailen.
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en El Tenedor
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31 Agosto 2017
9,5
Comida bonísima,es muy moderno y diferente con otro. Precio no es caro. Recomendado 100%.
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16 Octubre 2017
10,0
Una experiencia.muy recomendable, gran ambiente y un trato cercano y amable.
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16 Octubre 2017
10,0
Excelente restaurante. Merecería una estrella
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en Restaurantes.com
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15 Septiembre 2017
9,8
Después de darnos un largo paseo por el Madrid más castizo y turístico, llegamos a una estrecha callejuela donde se sitúa este restaurante que, de unos años para acá, ha conseguido hacerse oír en todos y cada uno de los círculos gastronómicos en los que suelo ilustrarme y donde intento mantenerme más o menos al día. Antes de entrar, eso sí, resulta casi inevitable hacer una parada técnica en la taberna Palo Cortado, a escasos metros de La Candela, y poder disfrutar de su excelente oferta de vinos por copas provenientes todos ellos del Marco de Jerez. Así lo hicimos nosotros. Un ejercicio altamente recomendable. El restaurante se ubica en la planta baja de una antigua casa que hace esquina lo cual le permite nutrirse abundantemente de la luz que entra a raudales por sus ventanales en los días soleados como el que tuvimos la suerte de disfrutar en nuestra visita. El blanco, como color predominante, y la madera, como elemento de contraste, consiguen conferir a la sala un ambiente sobrio y elegante. Por el contrario, el mobiliario diverso y dispar, de épocas y estilos variados, incluso antagónicos, le da cierto aire juvenil y canalla a la misma, acompañando en ese sentido a la propuesta gastronómica que desfilará sobre la mesa. Mantelería de lino, copas de colores para el servicio del agua y vajilla variopinta sobre la que se sirven las viandas. Veremos sobre la mesa troncos, platos de vidrio, espejos, cajas, piedras… Crisol de culturas. Esa frase tan repetida últimamente de la que incluso se ha llegado a hacer un uso abusivo en los últimos años en campos muy diversos encaja a la perfección para definir la filosofía que inspira la cocina que se hace en La Candela. Aquí sí. En los platos que conforman su menú más extenso nos encontramos rasgos de muchas cocinas y países: Japón, Corea, China, Turquía, Grecia, Italia, Marruecos, Sudán, México, Perú… e incluso de diferentes regiones de nuestro país: Andalucía, Cataluña, Madrid… Samy Ali, cocinero de La Candela, toma de la mano al comensal y le invita a dar la vuelta al mundo sin levantarse de la mesa y en apenas tres horas. Le muestra ingredientes, platos y elaboraciones propios de cada cultura, reproduciendo casi con exactitud la cocina de lejanos lugares, unas veces, o fusionando algunos de sus rasgos más característicos con otros más propios de nuestra cocina nacional, las otras. La despensa de la que se nutre es abundante y diversa, así como las técnicas de cocinado: la fermentación, el ahumado, la baja temperatura, la cocción al vapor, las brasas… Un viaje de tal magnitud exige tamaño despliegue de medios. Aquí se da de comer y se ilustra al comensal al unísono. Comer en La Candela supone disfrutar, sí, pero también aprender y conocer. Menú degustación: - Encurtidos y fermentados: Primer pase de lo que resultará ser un largo menú. Sobre un tronco se sirven unos vegetales sometidos a procesos de curación diversos: puerro, col (kimchi)… Matices punzantes para despertar al paladar y ponerlo en alerta ante el recorrido en la montaña rusa en la que se han propuesto hacernos viajar. - En el siguiente pase nos sirven al unísono dos aperitivos más: Crujientes (nori, morro, bravas y camarón), y brandada de bacalao. Como nexo de enlace en ambos platos, se intuye un academicismo refinado que se deja totalmente de lado en muchos de los pases que le sucederán. Técnica depurada, cuidada presentación y unos sabores plenamente reconocibles y de intensidad comedida, mucho más patente esto último en la brandada que en esas cortezas que sí rebosan sabor y personalidad. - Tres nuevos snacks presentados sobre una gran rama: dos de ellos en unos pequeños cuencos similares a la concha de un mejillón y otro en un pequeño corneto comestible. Los cubiertos siguen sin llegar a la mesa y todo se toma directamente con las manos. En la fotografía apreciamos de izquierda a derecha: Huitlacoche, maíz y cilantro; pesto de albahaca y dry tomate; rabo de toro, teriyaki y grosella. Sabores mucho más intensos. México, Italia, Asia: empieza nuestro viaje. - Bajo el título de Wasificación, llegan a la mesa dos platos más: la ostra, que aparece envuelta en una bruma y con unas perlas de wasabi, y el tekila shot, un portento de técnica que simula una rodaja de lima y que se elabora con una especie de granizado de tequila. Una pasada, teniendo en cuenta que me considero un gran amante de tal licor. - Atún y salmorejo: El primero ha sido sometido a un proceso de ahumado que deja una huella persistente en él. Manipulación mínima para un buen producto. Rico el salmorejo y siempre interesante el contrapunto ácido y dulzón que le aporta el uso de la fresa. - Dumpling de cristal: Debe su nombre a su aparente fragilidad aunque su contenido supone una auténtica bomba: un rico relleno elaborado a base de panceta. El bocado se sustenta sobre un polvo de ostra seca que aporta salinidad al conjunto y se corona con huevas de salmón (ikura). Sobresaliente. - Llegan los cubiertos por primera vez. Sólo salmón: El lomo ha sido sometido a la cocción en parrilla y, posteriormente, se glasea para darle melosidad y hacer más agradable su ingesta. Los vegetales cítricos y la begonia que lo coronan aportan matices muy refrescantes al bocado. - Carne y pescado: Vistosa presentación que simula el nido de un pajarillo con un huevo cascado en él. En el fondo del cuenco (del huevo) unos cortes de corvina que se entremezclan con un guiso oscuro de carne. La clara del huevo se simula con una holandesa  de huevo de gallina y mantequilla y la yema con un phisalis, fruta tropical de forma esférica y color anaranjado. - Buns de cordero árabe; la hora del té. Dos elaboraciones en un mismo pase. La primera es una especie de bao o pan al vapor con un delicioso relleno a base de cordero desmigado y fuertemente condimentado. Para limpiar la boca tras un bocado tan intenso se sirve en unas tazas de té de lo más vintage la sopa griega conocida como tzatziki: pepino, ajo, yogur y limón. - Susto del chipirón. Plato sobresalientemente vistoso. La bolsa del cefalópodo se ha rellenado con un picadillo de chorizo semicurado. A su lado, una esfera cuasi perfecta elaborada con curri negro y okra, una planta tropical que hace las funciones de espesante, Los tentáculos del animal se han dibujado haciendo servir leche de coco. Muy rico y original. - Harumaki: concepto chino (al parecerse al típico rollito con pasta wonton), sabor castizo (el interior se rellena con un guiso de callos) y matices sudamericanos con el uso del cilantro. Otro bocado que degustamos tomándolo directamente con las manos. - Rubia gallega: costilla infiltrada, teriyaki y nabo encurtido. Destaca la ternura de la carne sometida, intuyo, a una larga cocción a baja temperatura. El color y el sabor claramente marcados por el uso de la salsa japonesa y el contrapunto de frescor con la rodaja del tubérculo. Intenso a la vez que liviano. - Candy eléctrico: Flor eléctrica, Timut (pimienta de Nepal) y ginebra Seagrams. Ciertamente el bocado más impactante de la comida. Se trata de una especie de galleta, crujiente por fuera y líquida por dentro. Nos narran la dificultad técnica que entraña su elaboración, cosa fácilmente entendible. La sensación fresca y agradable del inicio se torna extraña e incluso molesta con el paso del tiempo. La boca queda totalmente anestesiada, electrificada. No intenten tomar agua. Sabe fatal. ¿Vino? Mucho por. Se persigue una ruptura total y doy fe que se consigue. También cierta provocación, llevar al comensal a sensaciones jamás experimentadas anteriormente. Misión cumplida. - Avocado: Aguacate, cilantro, vainilla, lima, coco. Como se aprecia en la fotografía, en apariencia se trata de un helado de lo más común. Nada más lejos de la realidad. Sabores nada dulzones, textura más cremosa y predominio total del cilantro por encima de los demás ingredientes. Riesgo, postre nada fácil que a mí sí me complació. - Té chai: Naranja, té y piñones. Postre menos vistoso, pero en la misma línea de dulzor controlado que su antecesor. El sabor se ajusta plenamente al enunciado del plato y no hay sorpresas ni trampantojos. Correcto. - Basta: Coulant africano. Delicioso bizcocho originario de Sudán cuya masa se condimenta con canela, cardamomo, pimienta, comino, clavo y mantequilla. Sorprende la esponjosidad del mismo, cosa que, a su vez, se agradece tras tan magno festín. Me gustó mucho. - Azúcar. Tras haber degustado tres postres en los que claramente se prescinde del uso indiscriminado de edulcorantes, llega a la mesa una nutrida muestra de petit fours o bocados dulces mucho más golosos pero en los que todavía sigue patente la despensa internacional que ha nutrido la cocina a lo largo de todo el menú: jengibre, cilantro… Resulta difícil elegir un vino que vaya bien con tantos platos diferentes, con ese torrente de sabores que se perciben a lo largo del menú. Ojeamos la carta de vinos. Sin ser una carta extensa, sí consigue reunir bastantes referencias y cubrir al menos gran parte de las DO de España y del resto del mundo. Empezamos con un Koehler Ruprecht 2007 Riesling Spätlese trocken y tomamos a continuación un Viña Tondonia Blanco cuya añada no recuerdo (siento no haber tomado fotografía del mismo). El servicio del vino fue impecable con oportunas aclaraciones por parte del sumiller que no resultaron nada intrusivas y sí muy ilustradoras. Dejamos el restaurante bien entrada la tarde. La sensación es la de haber comido en un lugar diferente. Ello no debe confundirse con sorprendente. Como comentamos a veces en el grupo de amigos con los que he podido compartir mesa en algunos de los restaurantes más grandes de este país, hemos llegado a un punto que resulta difícil que te sorprendan y menos aún, tal vez, en restaurantes de alto nivel. La sorpresa ahora puedes encontrártela más fácilmente en una pequeña tasca de ciudad o en restaurantes noveles que arrancan sin ataduras ni condicionamientos. Pero sí es cierto que en La Candela encuentras un menú original, cuanto menos, y pruebas un buen número de platos diferentes. La fingerfood, esa sucesión interminable de pequeños bocados, va muy con mi manera de entender la cocina. Probar, probar y probar, cuantas más cosas mejor. Por el contrario, se pierde totalmente un hilo conductor o un concepto único en la confección del menú. No busquen en La Candela un nexo de inspiración y conexión entre los diferentes pases. En mi opinión no lo hay. Únicamente podría aplicar al menú que degustamos sustantivos como universalidad, globalización o interculturalidad. Pero no les quepa ninguna duda que en La Candela disfrutamos de un viaje que no me importaría para nada volver a recorrer. Aconsejo leer el post ilustrado con fotografías en: http://www.vinowine.es/restaurantes/la-candela-la-vuelta-al-mundo-en-diecisiete-pases.html
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en Verema
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01 Noviembre 2017
8,1
Bonito restaurante con decoración Art Decó, muy cálido, cómodo y agradable, servicio muy profesional y simpático, buena carta de vinos, la comida es totalmente diferente a lo que yo había probado hasta ahora, la presentación de los platos es bastante original y divertida, con algún trampantojo, pero lo que más llama la atención son los sabores, las fusiones que hace con productos que tu piensas que no se pueden juntar pero si se puede, sabores fuertes, tipo de cocina fusión asiática, africana, europea, .............. difícil de definir, pero está realmente buena, sobre todo para los que nos gustan los sabores fuertes; precio acorde con este tipo de restaurantes. Fantástica experiencia
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en Trip Advisor
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01 Septiembre 2017
10,0
Menú intermedio completo con una gran variedad de sabores, atención esmerada, explicación correcta de los platos, muy buena presentación de los platos,muy buena carta de vinos. Gran menú a un mejor precio. Repetiré seguro con el cambio de menú.
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en Trip Advisor
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08 Julio 2017
10,0

Comparación de ofertas

Gastronómico
Gastronómico
Menú Corto 60€
Menú Largo 100€
Menú Medio 85€
Petit Gastro
Petit Gastro

Restaurantes similares en Madrid

10
6942
Opiniones

DiverXo

06/08/2017: Lo anuncian como un Xsow gastronómico del que logicamente participan los comensales. Al entrar, lo primero que sucede es la visita acompañada por quien te recibe a la cocina, un breve tour guiado en que casi todo el que se cruza en tu camino intervinientes de este "xsow" saludan y dan la bienvenida. Digo casi todos porque el director de esta puesta en escena y personaje principal de la obra, Dabiz, estaba en la cocina y supongo atareado en atender la pantalla de su movil para saludar y recibir a quienes en ese momento entrabamos. Tampoco salio a despedir e interesarse por la impresion de su obra....Creo que en una puesta en escena semejante la presencia del director xa recibir aplausos o abucheos resulta imprescindible salvo sienta estar por encima del bien y del mal. Añadir que la cocina como espacio de trabajo no me parecio inmaculada, incluso se me enredo un papel en los pies asi que el circo de este nivel necesita tener la pista ordenada y limpia.Lo importante, la comida.... lo esperado, muy buenos platos, sorprendentes y al final llega uno al limite, mas que suficiente con el menu corto para cenar.El servicio en mesa es como una coreografia, fluida sin esperas, simpaticos, informales....hora y media de obra gastronomica perfecta.Otro pero, la carta de vinos arranca en precios altos para vinos normalitos asi que el menu mas la bebida se pone en 500€ sin coger vinos extraordinarios .Otro fallo, el final del xsow, terminas de cenar y nadie te acompaña a la salida, el director sigue ausente tras los telones. Una obra asi no merece un principio y final semejantes.
22/10/2017: ...hasta que se me apareció en forma de placerEs frecuente que las expectativas, especialmente cuando son muy altas, se desvanezcan. Pero nada de esto sucedió, sino todo lo contrario, en DiverxoDiscrepo de aquellos puristas que valoran los restaurantes alegando que buscan "buena materia prima". En mi opinión, cuando uno visita un restaurante no solo busca comer.... sino también disfrutar, sentir, reír, emocionarse... Un restaurante no debe ser un sitio serio y estúpidamente formal. Diverxo es restaurante, y espectáculo del bueno, de principio a fin.No voy a hablar ni de los platos, ni del servicio. Para descubrir eso...a rascarse el bolsillo y a visitarlo. Alguien comentó hace tiempo que "comer es el mayor placer que hay con los pantalones puestos". Pues bien, Diverxo es la mayor confirmación a esta maxima.
9,8
729
Opiniones

Restaurante Piñera

28/06/2017: No sé si sería necesario crear una nueva ficha de PIÑERA tras los cambios de los últimos años en la dirección de su cocina (Aranda, Almagro…) o de sus salas (García Galán), en la actualidad el restaurante se denomina PIÑERA BY CARLOS POSADAS, el chef vizcaíno dirige la cocina (y una parte del negocio) desde el otoño pasado, tras dejar las cocinas del lujoso hotel Santo Mauro. Al frente de la sala y de la carta de vinos repite Maria Jose Jurado: un trabajo digno de mencionar. Benjamín Urdiaín (primer *** de Madrid) continua en el restaurante, sin mucho boato, se interesa por el cliente y por las propuestas presentadas. Tras la entrada de Carlos posadas se ha renovado la decoración, más adecuada a los tiempos actuales, creándose un área para tapeo informal. Desgraciadamente para un caluroso sábado madrileño únicamente hay cuatro mesas ocupadas, no me atrevo a discernir el grado de éxito de la nueva fórmula. El “ocaso” de la zona, con un número importante de restaurantes, pero sin ya tanta pretensión, no ayuda a propuestas de alta cocina. Nos decantamos por el menú degustación (75€), servido con tiempos de espera largos pero adecuados, que se inicia con dos aperitivos: una croqueta de jamón (buena) y una excelsa crema de berenjena con vinagre de café y un berberecho. El berberecho se me antojó innecesario en la fantástica propuesta; muy buena combinación de la crema con el vinagre. El menú se inicia con tres entrantes de gran altura, la “sardina en salazón anchoada en brioche hojaldrada de aceitunas negras”, es una excelente propuesta a la que le sobra parte del brioche que oculta el acierto del interior; la “Lengua en escarlata con aceitunas estofadas”, en el que la presentación de la aceituna extra estaba fuera de lugar, no así en el estafado sobre la magnífica lengua (estilo a embutido) con salsa a base de aceitunas estufadas, de casi 10; y por último, las “Ostras en escabeche templado sobre carpacio de manitas rellenas de morcilla y pure limón”, un plato fantástico del que, mi impresión, sobraba el acompañamiento del puré, porque la propuesta sinceramente era excelente, de 10. Platos en líneas generales muy buenos. Los principales no bajan de nivel, muy bien la “Merluza de pincho con changrro y pil-pil de jamón y pimientos asados con ajetes”, un plato redondo, no puede haber ningún pero; así como del excelente “Lomo de corzo asado a la provenzal con dulce de calabaza, pure de castañas y tofee de tupinambo”. Dos grandes trabajos de imaginación, sabor y técnica. Los postres, uno de los fuertes de la casa, compuestos por la “Tabla de quesos” (bien) y el espectacular e imaginativo “Iceberg Mousse de cuajada, helado de coco, merengue seco, gelatina de ron y pure de limón”, del que apenas pudimos disfrutar por lo excesivo del menú (el calor espero). De la interesante carta de vinos, con precios más que razonables, nos decantamos por el excelente GRATALLOPS 2013 de Alvaro Palacios (65€), con 80% de Garnacha y 20% de Samsó, que como era de esperar, estaba perfecto. Sensaciones muy buenas, interesante cocina y buen servicio, para un restaurante que desde hace años apuesta muy fuerte por la alta cocina madrileña sin recibir el reconocimiento merecido, esperemos que sea por poco tiempo. Aunque parezca mentira la zona no ayuda, mi impresión.
29/05/2017: Estuvimos comiendo en Piñera tres parejas de amigos y la comida resultó perfecta. El carpaccio de manitas de cerdo con ostras buenísimo, las colmenillas deliciosas y la menestra perfecta. Después pude probar el pichón y la liebre aunque yo comí el rodaballo salvaje (muy bueno). De postre las crepes son probablemente las mejores de Madrid. la carta de vinos es extensa como pocas he visto. Las raciones son algo justas de tamaño y si no tienes cuidado al pedir los vinos la cuenta se te pude ir de las manos, pero es sin duda uno de los mejores restaurantes de Madrid.

Cómo llegar al restaurante

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